Un
elemento esencial para los programas formativos de los Residentes.
Se ha definido al especialista en Psiquiatría como un
clínico cuyas principales habilidades son las de evaluar
y tratar los trastornos psiquiátricos. Por ello, a la
hora de establecer programas educativos, se han estudiado los
distintos aspectos de las actividades prácticas de los
médicos profesionales de la Psiquiatría para que
la enseñanza les capacite en esas tareas.
En los últimos años se han producido, como ya
hemos comentado, importantes modificaciones en las opiniones
sobre el papel del psiquiatra en la Sociedad y, consiguientemente,
sobre el perfil que debe tener para cumplirlo. El público
ha comenzado a cuestionar la presuposición de que cualquiera
que se presenta a sí mismo como un psiquiatra competente
lo es en realidad.
Por otra parte, los rápidos avances en los tratamientos
psiquiátricos y la explosión de conocimientos
no han sido siempre bien digeridos por los psiquiatras. Se han
instituido (aunque todavía no en España) programas
obligatorios de formación continuada como requisito para
que los psiquiatras puedan seguir, al cabo de un tiempo prudencial,
practicando la especialidad.
En los últimos veinticinco años el quehacer del
psiquiatra se ha modificado substancialmente: ha aumentado notablemente
su número; se ha requerido su presencia en las consultas
de la Seguridad Social y en otras consultas y agencias comunitarias;
han tenido que liderar las modificaciones de los hospitales
psiquiátricos; han debido hacer frente a las demandas
de la Sociedad de técnicas psicoterapéuticas complejas;
han tenido, en fin, que adquirir habilidades administrativas
y servir como consultores a los poderes públicos.
Se observa hoy, además, una tendencia inequívoca
hacia la burocratización de las organizaciones de servicios
para la Salud Mental. En gran parte, la causa de esto radica
en que, al haberse puesto a punto guías terapéuticas
y al aumentar los controles de calidad, las tareas que realizan
los profesionales de la Salud Mental se comprenden mejor y se
hacen más predictibles, rutinarias, repetitivas y programadas.
Incluso en temas como la investigación es esencial la
capacidad burocrática del psiquiatra.
El perfil de los psiquiatras, en el futuro se irá aproximando
más al del resto de los médicos. En efecto, los
psiquiatras se solían diferenciar de sus compañeros
por determinadas características psicosociológicas.
En el clásico trabajo de A. A. Rogow, se describía
al psiquiatra como predominantemente varón; proveniente
de familias de clase social media y con padres profesionales;
más frecuentemente separado o divorciado que sus compañeros
médicos; y más frecuentemente también ateo
o agnóstico. Su nivel cultural, medido por sus hábitos
de lectura, también era superior al de sus compañeros
médicos. Su orientación política era marcadamente
progresista y su interés en los beneficios económicos
de la profesión menor que el de sus compañeros.
Los datos de que se dispone actualmente muestran que las características
personales y las motivaciones de los médicos que eligen
psiquiatría van siendo diferentes y se van aproximando
cada vez más a las de los que eligen otras especialidades.
Del mismo modo, el perfil del profesional de nuestra especialidad
se va haciendo menos diferencial. Es, por todo ello, obvio,
que los programas de formación de los futuros psiquiatras
tendrán que adaptarse a esta realidad cambiante.
En el presente número de ASMR Ylla y colaboradores
ofrecen los resultados de una encuesta sobre la práctica
y la orientación teórica de los psiquiatras
en el año 2003. Este trabajo, a pesar de sus limitaciones
metodológicas, puede resultar importante para los que
se interesan en la educación de los profesionales,
sobre vtodo porque permite comparar los datos actuales con
los obtenidos hace años en otros estudios.