Vol. 2, núm. 3 - Agosto 2003     Revista Internacional On-line / An International On-line Journal  
 


MI EXPERIENCIA DE APRENDIZAJE POR INMERSIÓN EN UNA COMUNIDAD TERAPÉUTICA

Florencio Moneo

Médico grupoanalista, Fundación Etorkintza, Bilbao

Correspondencia

Fundación Etorkintza.
C/ Hurtado de Amézaga nº 29, 2º. 48003 Bilbao Spain

E-mail: moneo@etorkintza.org

 
 

SUMMARY

The author considers that group work in the treatment applied to severe mentally ill people is scarcely done, trusting in the success of the treatments exclusively on the action of the anti-psychotic and anti-depressive medication. However, both the patients as well as their families, other professional psychiatrists, doctors, nurses, psychologists, social workers, educators, etc, defenders of the patients' interests find that the attention paid to the respect of their human rights, to understand their illness, to face up to it with possibilities of success, to work in interdisciplinary teams to ensure the quality of the treatment and fight against the marginalization of the patient by accompanying him or her to the center of the social life to achieve their recovery, is insufficient.

For this, he dares to relate all that he did together with his team in order that the seriously ill and marginalized patients will recovery, using for this the combination of the biological therapy and the group psychotherapy, as well as a profound professional and personal involvement.

KEY WORDS

Working group, mental health.

RESUMEN

El autor considera que el trabajo grupal en los tratamientos aplicados a enfermos mentales severamente trastornados, se practica escasamente, confiando el éxito de los tratamientos exclusivamente a la acción de la medicación antipsicótica y antidepresiva. Sin embargo, tanto los pacientes como sus familiares, otros profesionales psiquiatras, médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales, educadores, etc, defensores de los intereses de los pacientes -respetar los derechos humanos, entender su enfermedad, afrontarla con posibilidades de éxito, trabajar en equipos interdisciplinares para asegurar la calidad del tratamiento y luchar en contra de la marginación del paciente a través de su acompañamiento hasta el centro de la vida social para lograr su curación- piensan que éstos son atendidos de forma insuficiente.

Por ello, se atreve a relatar todo lo que hizo junto a su equipo para que pacientes gravemente enfermos y marginados se recuperaran, utilizando para ello la combinación de la terapia biológica y la psicoterapia grupal, así como una profunda implicación profesional y personal.

PALABRAS CLAVE

Trabajo grupal, salud mental.


LA EXPERIENCIA

El presente artículo es el fruto de muchos meses de arduo trabajo clínico, consistente en la atenta escucha a los pacientes, de profundos debates sobre los fenómenos psicológicos grupales e individuales observados, mantenidos dentro de las reuniones de equipo, de la constante labor de escribir todas las noches aquello que resultaba significativo del universo acontecido en la institución, de la trabajosa tarea de pensar y elaborar durante cientos de horas, una experiencia de Salud Mental relacional, realizada en una institución de Psiquiatría comunitaria.

Empezó siendo un informe de fin de proyecto que yo quería escribir y presentar a la institución, con el objeto de comunicarle el punto de vista del psicoterapeuta que ejerce las funciones de observador participante, cuando trabaja así en las instituciones de Salud Mental, que fue creciendo y creciendo, hasta ocupar un espacio extenso. El objeto de que escriba no ha sido otro sino el de añadir una aportación a los profesionales de la psicoterapia en la difícil tarea de transmitir a otros colegas de la salud mental, las habilidades requeridas de un desarrollo específico y profundo que surgen de las necesidades que la observación clínica de los tratamientos de aquellas personas afectadas por las enfermedades que catalogamos como Psicosis, nos permite detectar.

Se pretende suscitar en el lector el abono de una semilla en formato de interrogantes que permitan el mantenimiento de la tensión investigadora en la comprensión profunda de los complejos fenómenos grupales e individuales que atraviesan a los colectivos de profesionales y de pacientes que conviven cotidianamente en los Servicios de Psiquiatría.

Hoy la asistencia sanitaria en el ámbito de las instituciones psiquiátricas sigue el modelo farmacológico mayoritariamente. En España casi exclusivamente. Las presiones tanto de la industria del sector como de los gobiernos -azuzados estos últimos por razones de tipo económicas, políticas y de eficacia inmediata, que priman la reducción del déficit sobre la inversión en programas asistenciales a la población y el apoyo financiero a la investigación científica del modelo de tratamiento psicosocial-, han situado a la relación médico enfermo en un segundo lugar en los tratamientos médicos, priorizando el modelo de la persecución de la eficacia y la terapéutica medicamentosa. Sin embargo, esta experiencia demuestra que la eficacia en el objetivo de sanar está relacionada con la dedicación de mayor tiempo en la escucha al enfermo, a sus problemas, para entenderle, en un contexto institucional de reuniones grupales con los pacientes, por un lado, y con el equipo terapéutico por el otro, también de reuniones conjuntas pacientes y equipo terapéutico.

TRABAJO GRUPAL

8 de abril de 1997

Asisto al seminario de la institución. Soy consciente que desde el día 2 - 10 - 96 asisto a este espacio de lectura y de participación y debate teórico técnico de la psicoterapia grupoanalítica de la psicosis, deferencia que se la debo al psiquiatra jefe del Hospital de Día, a quien solicité incluirme con fecha del 17 - 9 - 96, y de quien recibí la respuesta afirmativa a fecha del 25 - 9 - 96. Noto la atmósfera cálida del grupo. Asistimos hoy once personas, entre trabajadores de la institución y personal de fuera. Leemos unos párrafos del trabajo de Freud titulado "Gradiva".

El debate se establece en torno al tema de las actividades artísticas de nuestros pacientes y del estímulo necesario por parte de sus terapeutas con el objeto de que éstos se apliquen en sus obras, vistas como un desarrollo de su salud y como un material clínico utilizable con ánimos de ayudar mejor al paciente. Se plantea la idea del significado clínico de las obras de arte en general, en el sentido de que si se analizaran a sus autores probablemente no habría tantas, dada su naturaleza sublimatoria. Se habla de la película "Drácula" de Coppola y de la novela "La conjura de los necios" de Toyle. La primera en el sentido de que se trata de una buena representación de los duelos patológicos, y la segunda en el de otro duelo patológico, el suicidio de su autor por no poder soportar la espera de su reconocimiento, aunque mucho más tarde, diez años más tarde sí lo lograría, una vez muerto, siendo en la actualidad considerada su obra todo un clásico de la literatura contemporánea estadounidense. Los críticos le hicieron mucho daño al autor. Una grupoanalista plantea su actividad terapéutica orientada al estímulo de la actividad literaria de sus pacientes. Un psiquiatra señala al jefe de la institución su deseo de terminar el estudio del trabajo de Freud proyectado en la figura del jefe. Se cuestiona la sabiduría alardeada por los sabios de la psiquiatría actual, cuando estos conocimientos no se ven refrendados por la realidad observable en la clínica. Al final me encuentro en el papel de testigo de un compromiso, la apertura del espacio de sesiones clínicas de los viernes por parte de los jefes y su intención de vencer las resistencias de un sector minoritario que impide que trabajadores de fuera de la institución no puedan asistir ni participar en las sesiones.

Salgo con las felicitaciones de los compañeros de la APAG por las mejorías introducidas en el último número de "Boletín", nuestra revista. Me acompaña Juan, el enfermero del ambulatorio de una localidad lejana. Nos veremos en la próxima reunión de la APAG. Se hará socio de la asociación. Pienso en él y en su mujer, médico de un pueblito situado a 100 km para realizar el proyecto Grupahi. Al tiempo.

Los asistentes al seminario son once personas: Mirta, Juan, Ana, el psiquiatra, Charo, Ingrid, Igor, Petra, el enfermero psiquiátrico, Antonio y yo.

10 de abril de 1997

Asisto a la segunda reunión de equipo. Están presentes el enfermero psiquiátrico, Ingrid, Ana que se incorpora al equipo después de las vacaciones, a la que conozco por las reuniones del seminario a las que asisto desde septiembre, Charo, Petra, el psiquiatra, Antonio y Mirta. Somos nueve en total. En el club están el enfermero psiquiátrico, Ingrid y Mirta, Ana en psicodrama, falta por enfermedad otra chica que está también en psicodrama, según información que me daría el psiquiatra después, Charo en ambulatorio, el psiquiatra en H. de D., quizá también Petra, Antonio en club, y yo como nuevo miembro. Falta Maider, que sí estuvo en la primera reunión del lunes. Falta Blas.

Toma la palabra el psiquiatra para dar la información de las novedades. El próximo jueves, día 17, se va a dedicar la jornada a reflexionar sobre el trabajo del club. Dará comienzo a las 8;30 h., y por lo tanto se suspenderán todas las citas de los pacientes así como la habitual reunión de equipo de los jueves. Por otro lado se ha pensado en trasladar la reunión de equipo de los jueves a los miércoles a la misma hora. Ingrid plantea que de darse el cambio propuesto se encontrarían con una reunión de equipo los martes a última hora y otra muy seguida los miércoles a primera hora. Es obvio que se comporta como la portavoz de la resistencia al cambio del grupo equipo. Yo lo asocio con su comentario al verme por primera vez en este espacio: "¿Hoy toca seminario?". Es decir, la función de portadora de la resistencia al cambio. Esta psicóloga apenas habla durante las sesiones, siendo éste un serio problema que se encuentra en la dinámica del equipo: siempre hablan los mismos. En el espacio del seminario del martes sería esta psicóloga quien hiciera el siguiente comentario: "Me ha salido un informe de 13 páginas. Muy largo". El tema que se debatió en este espacio fue el miedo a la expresión escrita por el mero acto de participar y también porque lo que se cuenta queda escrito. Aún los errores.

Volviendo a la sesión de equipo, lo relacioné con la coincidencia del comentario de hoy de Ana al verme: "¿Hoy toca seminario?". Luego le preguntaría yo a Ana por si su nombre era Ingrid. Ambas participaron en la sesión de hoy, pero muy escasamente con sus potencialidades. Al menos así me lo pareció. El psiquiatra se dirigió a Ana para preguntarla por sus vacaciones. Ésta respondió que se quedó aquí, en casa y acudió a alguna procesión. Luego le preguntó por si me conocía. Ambos respondimos que sí. Añadimos el espacio compartido del seminario. Durante la sesión se habló, el psiquiatra habló de los pacientes más problemáticos. Lalo, quien se ha perseguido mucho con él, Mari, a la que tuve la oportunidad de conocer estando en la cancela de charla con el psiquiatra antes de despedirme hasta mañana. Ella salió de la institución y el psiquiatra la saludó diciendo su nombre. Yo le imité. Habló de Lola, caso que mañana expondrá su psiquiatra en el espacio de sesión clínica, a las 8;30 h.. El problema es que se aprecia una disociación en su comportamiento hacia el H. de D., comportándose muy pasivamente, sin hablar con nadie, y el que manifiesta hacia su psiquiatra, una mujer, más abierto, cosa que hizo pensar a la psiquiatra en una gran mejoría, que el equipo del H. de D. no ve. Se plantea sobre la posibilidad de una relación terapéutica en el espacio individual no sana. La otra posibilidad es una disociación de tipo histérico. Hablaron mucho el psiquiatra y Charo. Un poco Ingrid, Antonio y Ana. Mirta sólo participaba a través de los movimientos afirmativos con su cabeza, realizados ante las intervenciones del psiquiatra. Yo participé por primera vez para dar mi aportación desde fuera al relato del psiquiatra sobre el problema de la falta de conexión de su paciente con miembros del equipo. Vine a defender la tesis de que el paciente Lalo se encontraba atrapado en una relación simbiótica con su madre, una psicótica casada con un marido ausente con un cáncer desarrollado, operado y que ha recidivado con metástasis.

Defendí la tesis de que el paciente, el niño, dije, no encontraba otra manera mejor de conectarse con el psiquiatra que a través de su bronca y de su sistemática negación a todas sus propuestas. El psiquiatra, desde su contratransferencia nos había informado de su deseo de abandonarlo en manos de su madre. La madre no toma medicación y acude a las sesiones del grupo multifamiliar. Yo predije una mejoría del chico y un espectacular empeoramiento de su madre. Ana y Antonio confirmaron mi tesis aportando recuerdos de interacciones en las que Lalo se mostraba realmente en contacto emocional con sus compañeros. Una ocasión fue la despedida de un compañero del H. de D., y la otra la bienvenida de un nuevo paciente que ha entrado en el pregrupo, llamado también Lalo, y que su condición de nuevo hace que nadie le conozca salvo el psiquiatra, que lleva la conducción del pregrupo.

El psiquiatra aportó asimismo material abundante de la dinámica del grupo del H. de D. -que luego me enteraría por él mismo que está compuesto por 10 pacientes, siendo el número de pacientes que acuden al club de 30-, en donde se apreciaba que el tema que traían los pacientes era la proximidad de la fecha del alta, que se cambió desde el 7 de abril hasta el 30 del mismo mes. Las emociones eran de ansiedad y de rabia por el autoritarismo de los médicos, y el miedo a la ocupación de la nueva posición personal consistente en un funcionamiento psicológico más autónomo y maduro, con una mayor soledad. Salímos juntos el psiquiatra y yo, quedando los psicólogos del H. de D. Ana, Ingrid, Petra y Antonio sentados en la sala. El efecto lo viví como si yo hubiera ocupado el puesto de observador del grupo. Él me habló del problema que tienen con la escasa participación de los miembros del equipo en los debates que se suscitan, de la falta de tiempo para trabajar en el espacio de las reuniones de equipo. Yo le expuse por primera vez mi idea de escribir un libro sobre la comunidad terapéutica. "La tecnología ya la tenemos", afirmé.

11 de abril de 1997

Asisten a la reunión Maider, Blas, Petra, el enfermero psiquiátrico, Charo, Beti, Mirta y Antonio. Se avisa que la psiquiatra no acudirá a exponer el caso de Lola porque asiste a una reunión de coordinación de zona con los psiquiatras del Hospital de la comarca.

Beti entraría más tarde, dejando muy claro su posición de liderazgo en el grupo del equipo dadas las especiales emociones que suscita en todos sus miembros, quienes le reconocen su buena mano profesional con los pacientes y el especial afecto que éstos le profesan.

Al principio hablaría Charo exponiendo las últimas novedades con los pacientes y con las familias que atendió ayer. Todos tomarían en algún momento la palabra. Yo también participé con mi aportación sobre los fenómenos dinámicos de los pacientes esquizofrénicos.

Beti fue quien se encargó de tomar notas del estado de cada paciente del Hospital de Día. Esto me permitió conocer al detalle la situación de cada paciente. Son trece. Dos se despedirán próximamente por alta médica. Charo plantea sus dificultades con su contratransferencia ante las actitudes destructivas de varios de sus pacientes habidas en la sesión de grupo de ayer.

El psiquiatra no asiste. Fue Charo quien anunció que no podría acudir hoy por encontrase ocupado en otra tarea. Cuando me presentaron a Beti yo añadí que ya la conocía de vista desde hace muchos años, lo que produjo un efecto de refuerzo de la cohesión grupal. Ella me lo confirmó. "Yo te conozco de algo pero no sé de qué", dijo.

14 de abril de 1997

Reunión de equipo. La actividad empezaría con un retraso significativo, a las 9 horas cuando lo normal sería comenzar a las 8;40 horas. Estamos presentes 10 miembros. Carla y yo llegamos los primeros. Luego se sumarían Blas, Antonio, Maider, el enfermero psiquiátrico, el psiquiatra, la Dra. Bilbao, Mirta, y la última fue Charo.

Durante la sesión la Dra. Bilbao, la psiquiatra invitada al espacio, presenta la historia de una de sus pacientes, Juana, que está en el Hospital de Día. Es curioso porque la razón de su asistencia hoy era el hecho de no haber podido celebrarse la sesión clínica el viernes por encontrarse ella en la reunión de zona con los psiquiatras del hospital comarcal. Yo esperaba que expusiera el caso de Lola tal y como se había anunciado primero. Ella dice tener los historiales de cuatro de sus pacientes como respuesta a la invitación del psiquiatra a que tomara la palabra.

Sin embargo La Dra. Bilbao no habla de Lola, paciente que no habla en los espacios grupales, siendo que la psiquiatra individual poseía una visión diagnóstica diferente a la del equipo del Hospital de Día. La psiquiatra sostenía que había mejorado mientras que el equipo defendía la idea del impasse psicoterapéutico, quedándome yo con la idea de una simbiosis patológica psiquiatra-paciente con el objeto defensivo de no cambiar.

Pero la psiquiatra narra el estado en el que se encuentra otra de sus pacientes que comparte con el equipo del Hospital de Día, Juana. En el historial aprecio que esta mujer joven ha desarrollado una simbiosis con su psiquiatra, copia exacta de su vinculo con el anterior psiquiatra, el Dr. Pérez, quien la atendió durante mucho tiempo. El padre del psiquiatra había atendido a la madre de la paciente, quien a su vez ejerció la profesión de enfermera y la de psicoterapeuta. La madre se suicidó hace pocos años. La paciente tuvo un serio intento de suicidio y desarrolló una crisis por aquel entonces. Su psiquiatra se implicó mucho a nivel personal. Llegó incluso a visitarla en su propia casa. Ella le solicitó ser ingresada. Él la ingresó en su clínica privada que no se encontraba en condiciones de atender a pacientes como Juana, pues se trataba en realidad de un geriátrico. El tratamiento acabó un tanto precipitadamente puesto que el psiquiatra derivó a su paciente a una psicóloga, y desde allí la enferma hizo otra crisis que desembocó en un ingreso en el Hospital psiquiátrico comarcal. Allí la paciente mantuvo una relación sexual con un enfermo que se parecía físicamente a su expsiquiatra. Este episodio le culpabilizó extraordinariamente a la enferma. No se lo ha contado a nadie excepto a su compañero de grupo de Hospital de Día, Kin.

Kin estudió con ella en el instituto. Se informa por parte del enfermero psiquiátrico y de Carla de que la enferma ha iniciado un proceso de relación con Carla. El psiquiatra anima a Carla a insistir en sus charlas con Juana con el fin de ayudarla a que se comunique y se conecte más.

La psiquiatra muestra su sentimiento de culpa por haber tomado la decisión de someter a Juana a un análisis de sangre para despistar una infección VIH. La paciente se asustó. Se dio cuenta de las intenciones de su psiquiatra y ha entrado en crisis la relación idílica que mantenía con la psiquiatra. Ahora le espera todos los días a la entrada de su consulta para pedirle más información y también más cuidados contra la angustia de muerte. La paciente plantea un delirio en el que hace el amor con su antiguo psiquiatra. Se discute si el delirio es o no es un delirio, si es o no es una realidad vivida. Se encuentra una formación transaccional, es un delirio pero que no está tan lejos de los hechos vividos. Anima a esta interpretación el hecho sucedido en el hospital psiquiátrico comarcal, allí la paciente mantuvo una relación con un enfermo parecido a su expsiquiatra. Se valora la calidad altamente psicotizante de sus experiencias vividas en el ambiente familiar. Una madre que de suicida, un padre que aporta poco. La paciente le dijo a su psiquiatra que deseaba que su padre estuviera presente en su consulta individual con el objeto de preguntarle al padre aquello que ella no le entendía a la psiquiatra. Pero la psiquiatra mantiene el espacio individual, aunque luego hace entrar al padre a petición de la paciente. La paciente le dijo a la psiquiatra que ella deseaba que estuviera presente el padre en las consultas porque luego el padre le hacía preguntas sobre lo que le había dicho la psiquiatra que ella no siempre sabía responder ni se acordaba de ellas.

Se aclaró el miedo atroz de la paciente a contar su secreto al grupo ya que éste al ser el representante de lo social, difundiría al grupo social de su pueblo, una localidad situada a 10 km del Centro de Salud Mental, su relación amorosa, de la que tanta culpa, humillación y vergüenza ella siente. Éstos son sus temores. Planeaba sobre la sesión la duda sobre una relación incestuosa, que nadie se atrevió a mencionar. El tabú social. La analítica era baja en linfocitos. Lo normal son el 30% y los análisis daban un 11%. La paciente toma Clozapina, 300 mg al día. La psiquiatra no quiere volver a cambiar la medicación a su paciente. Precisamente del análisis de rutina de control del Clozapina salió el dato de los linfocitos bajos el temor de la psiquiatra a una infección incurable y el miedo paranoide de la paciente a que todo el mundo descubra su secreto, la relación amorosa con su psiquiatra. Al psiquiatra le di el impreso de solicitud de admisión a la APAG distribuido en diciembre de 1989 en el 1º Congreso Nacional de la APAG, el tríptico distribuido en las IV Jornadas Nacionales celebradas en noviembre de 1996 en Zaragoza, y la hoja de recogida de los datos bancarios elaborada a raíz de las III Jornadas Nacionales de la APAG celebrada en noviembre de 1994 en Barcelona. El psiquiatra me lo agradeció. Hablé por primera vez con Clara sobre pacientes de la institución y sobre mi función allí. Ya no existen ansiedades paranoides entre nosotros.

27 de mayo de 1997

Seminario. Acudimos 16 asistentes. Está presente el líder, el jefe del servicio. Leemos a Jorge E García Badaracco. El debate se establece en torno a la idea de que antes de interpretar a los pacientes es preciso crear un ambiente de confianza desde el que se pueda realizar el trabajo analítico de crecimiento personal y el paciente le sea posible desarrollar su proceso psíquico. Fernando pregunta por el trabajo de Freud, por qué fue de él. Se le responde que hace ya tres seminarios que estamos con el trabajo de Badaracco.

El jefe del servicio, antes de empezar me confiesa que conoce que yo leí la novela de Tomás que aquél no permitió que él la leyera. Le di la explicación de la existencia de varios personajes en el personaje principal, la esquizofrenia proyectada del paciente. Sentí que tal consideración que me comunicó el jefe del servicio tenía que ver con mi cualidad de vinculador a los pacientes especialmente psicóticos. Después le entrego al psiquiatra la memoria de los primeros dos meses de mi asistencia voluntaria a la institución.

Paso al H de D. Allí encuentro a tres pacientes solamente. A partir de las 10,30h van apareciendo el resto de los pacientes. Llegarían 11 pacientes. Faltaron Mari, Kin que está ingresado e Graciela también ingresada. Conecto fácil con Jeremías con quien siento una sensación de hermandad entrañable. Siempre desayunamos juntos los dos. Este paciente al final de las actividades del día me pediría ayuda para localizar al enfermero psiquiátrico con el objeto de recibir la medicación que se le administra junto con el control de peso. En la actividad de la musicoterapia estuvimos por parte del staff: el enfermero psiquiátrico, Maider y yo. Faltó el tuno Alberto. Era la última sesión de esta actividad. Yo tuve la intuición de que este chico tenía un fuerte conflicto con las figuras femeninas investidas de poder. Maider es una líder femenina con una fuerte personalidad. Me dí cuenta de ello en el momento del segundo café, cuando estaban presentes los dos chicos Alberto y Blas. En un momento ambos le pidieron un pitillo de los suyos. Maider concedió la petición sin perder su aire de líder que controlaba la situación. Acentuaba esta percepción la suprema estatura de esta mujer. Nunca lo vi tan claro. Esta mujer está muy centrada en sí misma. La actividad consistió en realizar unos sonidos con las cinco vocales asociando una forma, un color y un sentimiento. A la actividad no se sumó Lola, quien se mantuvo durante todo el rato en el área del sofá llorando amargamente, sola. Su imagen era la de una mujer abandonada que escenografiaba su dolor, su depresión. Me pareció ver una estructura melancólica, a propósito de diagnósticos. Chus tampoco participaría.

Trabajamos las manos y sus contactos en parejas. Jeremías vino a mí. Yo me acordaba de su comentario durante el desayuno, eso de que le gustaría enseñarme sus esculturas invitándome a pasar a su piso. La comunicación fue abierta con Jeremias. Él se comunicó conmigo a pesar de su intensa pereza y cansancio que yo me expliqué producido por su trabajo mental en la psicoterapia del Hospital de Día. Hicimos la puesta en común. Así el sueño del enfermero psiquiátrico y mío de antes de la actividad desaparecería después de la misma. Yo sentí apertura, aproximación y cercanía. Maider me dijo que había abierto mucho la boca. Luego, durante el segundo café, los pacientes Sam, Gabriel, Tomás me preguntaron por el número de cuentos que yo había escrito, y por si me había presentado a los certámenes literarios. Me animaron a seguir. Me resultó muy curioso. Tomás me confió su dificultad a la hora de seguir leyendo. Teresa dijo que hoy tenía muchas ganas de estudiar la asignatura que debe de examinarse en junio. La ví muy contenta.

Se pasó a la confección de la lista de las compras para la celebración de la despedida de Alberto. Luego vino el psicodrama. Durante el mismo percibí dos fenómenos de grupo igualmente intensos. Uno era que sentía por momentos unas ganas intensas de dormir. El otro era que los pacientes participaban en un festín maníaco con sus risitas cuando se abordaba la tarea de la representación de un paciente esquizofrénico buscando trabajo, acudiendo a una primera entrevista, trabajando a prueba, suspendiendo en la misma y volviendo al paro. Paúl representó el personaje y estuvo muy maníaco, casi cómico, tratando un problema muy angustioso. Ante los señalamientos del psiquiatra, se quedó serio. Pero Teresa y otros seguían con el festín. Al final Chus empezó con un delirio sobre los problemas de la humanidad consistentes en el conflicto entre los ricos y los pobres. Siguió con la necesaria revolución. El psiquiatra le señaló el carácter alucinatorio de su análisis. Así acabó.

Luego, personalmente, nos fue avisando uno a uno de que por una reunión sindical se suspendía la reunión de equipo. La segunda en la semana. Teresa nos contó que había reprochado a Chus su delirio señalándole el lugar en donde se encontraban sus problemas, en su cabeza, y la respuesta enfurecida de éste, ya fuera de la actividad. En el metro nos encontramos Carla, Blas y yo a Pepe, paciente del club, con el que viajamos hasta el apeadero de la estación de su pueblo situado a 12 kilómetros del Centro de Salud Mental.

Con Blas mantuve una conversación acerca de la falta de puntualidad del grupo del Hospital de Día, una hora más tarde. Yo apuntaba a la resistencia al cambio. Él a la despedida de Alberto, que para Chus, el paciente que deliró al final del psicodrama, suponía la pérdida de un verdadero amigo.

 

 
 
             
   
   
   

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