SUMMARY
The
author considers that group work in the treatment applied to
severe mentally ill people is scarcely done, trusting in the
success of the treatments exclusively on the action of the anti-psychotic
and anti-depressive medication. However, both the patients as
well as their families, other professional psychiatrists, doctors,
nurses, psychologists, social workers, educators, etc, defenders
of the patients' interests find that the attention paid to the
respect of their human rights, to understand their illness,
to face up to it with possibilities of success, to work in interdisciplinary
teams to ensure the quality of the treatment and fight against
the marginalization of the patient by accompanying him or her
to the center of the social life to achieve their recovery,
is insufficient.
For
this, he dares to relate all that he did together with his team
in order that the seriously ill and marginalized patients will
recovery, using for this the combination of the biological therapy
and the group psychotherapy, as well as a profound professional
and personal involvement.
KEY
WORDS
Working
group, mental health.
RESUMEN
El
autor considera que el trabajo grupal en los tratamientos aplicados
a enfermos mentales severamente trastornados, se practica escasamente,
confiando el éxito de los tratamientos exclusivamente a la acción
de la medicación antipsicótica y antidepresiva. Sin embargo,
tanto los pacientes como sus familiares, otros profesionales
psiquiatras, médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales,
educadores, etc, defensores de los intereses de los pacientes
-respetar los derechos humanos, entender su enfermedad, afrontarla
con posibilidades de éxito, trabajar en equipos interdisciplinares
para asegurar la calidad del tratamiento y luchar en contra
de la marginación del paciente a través de su acompañamiento
hasta el centro de la vida social para lograr su curación- piensan
que éstos son atendidos de forma insuficiente.
Por
ello, se atreve a relatar todo lo que hizo junto a su equipo
para que pacientes gravemente enfermos y marginados se recuperaran,
utilizando para ello la combinación de la terapia biológica
y la psicoterapia grupal, así como una profunda implicación
profesional y personal.
PALABRAS
CLAVE
Trabajo
grupal, salud mental.
LA EXPERIENCIA
El presente artículo es el fruto de muchos meses de arduo trabajo
clínico, consistente en la atenta escucha a los pacientes, de
profundos debates sobre los fenómenos psicológicos grupales
e individuales observados, mantenidos dentro de las reuniones
de equipo, de la constante labor de escribir todas las noches
aquello que resultaba significativo del universo acontecido
en la institución, de la trabajosa tarea de pensar y elaborar
durante cientos de horas, una experiencia de Salud Mental relacional,
realizada en una institución de Psiquiatría comunitaria.
Empezó
siendo un informe de fin de proyecto que yo quería escribir
y presentar a la institución, con el objeto de comunicarle el
punto de vista del psicoterapeuta que ejerce las funciones de
observador participante, cuando trabaja así en las instituciones
de Salud Mental, que fue creciendo y creciendo, hasta ocupar
un espacio extenso. El objeto de que escriba no ha sido otro
sino el de añadir una aportación a los profesionales de la psicoterapia
en la difícil tarea de transmitir a otros colegas de la salud
mental, las habilidades requeridas de un desarrollo específico
y profundo que surgen de las necesidades que la observación
clínica de los tratamientos de aquellas personas afectadas por
las enfermedades que catalogamos como Psicosis, nos permite
detectar.
Se
pretende suscitar en el lector el abono de una semilla en formato
de interrogantes que permitan el mantenimiento de la tensión
investigadora en la comprensión profunda de los complejos fenómenos
grupales e individuales que atraviesan a los colectivos de profesionales
y de pacientes que conviven cotidianamente en los Servicios
de Psiquiatría.
Hoy
la asistencia sanitaria en el ámbito de las instituciones psiquiátricas
sigue el modelo farmacológico mayoritariamente. En España casi
exclusivamente. Las presiones tanto de la industria del sector
como de los gobiernos -azuzados estos últimos por razones de
tipo económicas, políticas y de eficacia inmediata, que priman
la reducción del déficit sobre la inversión en programas asistenciales
a la población y el apoyo financiero a la investigación científica
del modelo de tratamiento psicosocial-, han situado a la relación
médico enfermo en un segundo lugar en los tratamientos médicos,
priorizando el modelo de la persecución de la eficacia y la
terapéutica medicamentosa. Sin embargo, esta experiencia demuestra
que la eficacia en el objetivo de sanar está relacionada con
la dedicación de mayor tiempo en la escucha al enfermo, a sus
problemas, para entenderle, en un contexto institucional de
reuniones grupales con los pacientes, por un lado, y con el
equipo terapéutico por el otro, también de reuniones conjuntas
pacientes y equipo terapéutico.
TRABAJO
GRUPAL
8
de abril de 1997
Asisto
al seminario de la institución. Soy consciente que desde el
día 2 - 10 - 96 asisto a este espacio de lectura y de participación
y debate teórico técnico de la psicoterapia grupoanalítica de
la psicosis, deferencia que se la debo al psiquiatra jefe del
Hospital de Día, a quien solicité incluirme con fecha del 17
- 9 - 96, y de quien recibí la respuesta afirmativa a fecha
del 25 - 9 - 96. Noto la atmósfera cálida del grupo. Asistimos
hoy once personas, entre trabajadores de la institución y personal
de fuera. Leemos unos párrafos del trabajo de Freud titulado
"Gradiva".
El
debate se establece en torno al tema de las actividades artísticas
de nuestros pacientes y del estímulo necesario por parte de
sus terapeutas con el objeto de que éstos se apliquen en sus
obras, vistas como un desarrollo de su salud y como un material
clínico utilizable con ánimos de ayudar mejor al paciente. Se
plantea la idea del significado clínico de las obras de arte
en general, en el sentido de que si se analizaran a sus autores
probablemente no habría tantas, dada su naturaleza sublimatoria.
Se habla de la película "Drácula" de Coppola y de la novela
"La conjura de los necios" de Toyle. La primera en el sentido
de que se trata de una buena representación de los duelos patológicos,
y la segunda en el de otro duelo patológico, el suicidio de
su autor por no poder soportar la espera de su reconocimiento,
aunque mucho más tarde, diez años más tarde sí lo lograría,
una vez muerto, siendo en la actualidad considerada su obra
todo un clásico de la literatura contemporánea estadounidense.
Los críticos le hicieron mucho daño al autor. Una grupoanalista
plantea su actividad terapéutica orientada al estímulo de la
actividad literaria de sus pacientes. Un psiquiatra señala al
jefe de la institución su deseo de terminar el estudio del trabajo
de Freud proyectado en la figura del jefe. Se cuestiona la sabiduría
alardeada por los sabios de la psiquiatría actual, cuando estos
conocimientos no se ven refrendados por la realidad observable
en la clínica. Al final me encuentro en el papel de testigo
de un compromiso, la apertura del espacio de sesiones clínicas
de los viernes por parte de los jefes y su intención de vencer
las resistencias de un sector minoritario que impide que trabajadores
de fuera de la institución no puedan asistir ni participar en
las sesiones.
Salgo
con las felicitaciones de los compañeros de la APAG por las
mejorías introducidas en el último número de "Boletín", nuestra
revista. Me acompaña Juan, el enfermero del ambulatorio de una
localidad lejana. Nos veremos en la próxima reunión de la APAG.
Se hará socio de la asociación. Pienso en él y en su mujer,
médico de un pueblito situado a 100 km para realizar el proyecto
Grupahi. Al tiempo.
Los
asistentes al seminario son once personas: Mirta, Juan, Ana,
el psiquiatra, Charo, Ingrid, Igor, Petra, el enfermero psiquiátrico,
Antonio y yo.
10
de abril de 1997
Asisto
a la segunda reunión de equipo. Están presentes el enfermero
psiquiátrico, Ingrid, Ana que se incorpora al equipo después
de las vacaciones, a la que conozco por las reuniones del seminario
a las que asisto desde septiembre, Charo, Petra, el psiquiatra,
Antonio y Mirta. Somos nueve en total. En el club están el enfermero
psiquiátrico, Ingrid y Mirta, Ana en psicodrama, falta por enfermedad
otra chica que está también en psicodrama, según información
que me daría el psiquiatra después, Charo en ambulatorio, el
psiquiatra en H. de D., quizá también Petra, Antonio en club,
y yo como nuevo miembro. Falta Maider, que sí estuvo en la primera
reunión del lunes. Falta Blas.
Toma
la palabra el psiquiatra para dar la información de las novedades.
El próximo jueves, día 17, se va a dedicar la jornada a reflexionar
sobre el trabajo del club. Dará comienzo a las 8;30 h., y por
lo tanto se suspenderán todas las citas de los pacientes así
como la habitual reunión de equipo de los jueves. Por otro lado
se ha pensado en trasladar la reunión de equipo de los jueves
a los miércoles a la misma hora. Ingrid plantea que de darse
el cambio propuesto se encontrarían con una reunión de equipo
los martes a última hora y otra muy seguida los miércoles a
primera hora. Es obvio que se comporta como la portavoz de la
resistencia al cambio del grupo equipo. Yo lo asocio con su
comentario al verme por primera vez en este espacio: "¿Hoy toca
seminario?". Es decir, la función de portadora de la resistencia
al cambio. Esta psicóloga apenas habla durante las sesiones,
siendo éste un serio problema que se encuentra en la dinámica
del equipo: siempre hablan los mismos. En el espacio del seminario
del martes sería esta psicóloga quien hiciera el siguiente comentario:
"Me ha salido un informe de 13 páginas. Muy largo". El tema
que se debatió en este espacio fue el miedo a la expresión escrita
por el mero acto de participar y también porque lo que se cuenta
queda escrito. Aún los errores.
Volviendo
a la sesión de equipo, lo relacioné con la coincidencia del
comentario de hoy de Ana al verme: "¿Hoy toca seminario?". Luego
le preguntaría yo a Ana por si su nombre era Ingrid. Ambas participaron
en la sesión de hoy, pero muy escasamente con sus potencialidades.
Al menos así me lo pareció. El psiquiatra se dirigió a Ana para
preguntarla por sus vacaciones. Ésta respondió que se quedó
aquí, en casa y acudió a alguna procesión. Luego le preguntó
por si me conocía. Ambos respondimos que sí. Añadimos el espacio
compartido del seminario. Durante la sesión se habló, el psiquiatra
habló de los pacientes más problemáticos. Lalo, quien se ha
perseguido mucho con él, Mari, a la que tuve la oportunidad
de conocer estando en la cancela de charla con el psiquiatra
antes de despedirme hasta mañana. Ella salió de la institución
y el psiquiatra la saludó diciendo su nombre. Yo le imité. Habló
de Lola, caso que mañana expondrá su psiquiatra en el espacio
de sesión clínica, a las 8;30 h.. El problema es que se aprecia
una disociación en su comportamiento hacia el H. de D., comportándose
muy pasivamente, sin hablar con nadie, y el que manifiesta hacia
su psiquiatra, una mujer, más abierto, cosa que hizo pensar
a la psiquiatra en una gran mejoría, que el equipo del H. de
D. no ve. Se plantea sobre la posibilidad de una relación terapéutica
en el espacio individual no sana. La otra posibilidad es una
disociación de tipo histérico. Hablaron mucho el psiquiatra
y Charo. Un poco Ingrid, Antonio y Ana. Mirta sólo participaba
a través de los movimientos afirmativos con su cabeza, realizados
ante las intervenciones del psiquiatra. Yo participé por primera
vez para dar mi aportación desde fuera al relato del psiquiatra
sobre el problema de la falta de conexión de su paciente con
miembros del equipo. Vine a defender la tesis de que el paciente
Lalo se encontraba atrapado en una relación simbiótica con su
madre, una psicótica casada con un marido ausente con un cáncer
desarrollado, operado y que ha recidivado con metástasis.
Defendí
la tesis de que el paciente, el niño, dije, no encontraba otra
manera mejor de conectarse con el psiquiatra que a través de
su bronca y de su sistemática negación a todas sus propuestas.
El psiquiatra, desde su contratransferencia nos había informado
de su deseo de abandonarlo en manos de su madre. La madre no
toma medicación y acude a las sesiones del grupo multifamiliar.
Yo predije una mejoría del chico y un espectacular empeoramiento
de su madre. Ana y Antonio confirmaron mi tesis aportando recuerdos
de interacciones en las que Lalo se mostraba realmente en contacto
emocional con sus compañeros. Una ocasión fue la despedida de
un compañero del H. de D., y la otra la bienvenida de un nuevo
paciente que ha entrado en el pregrupo, llamado también Lalo,
y que su condición de nuevo hace que nadie le conozca salvo
el psiquiatra, que lleva la conducción del pregrupo.
El
psiquiatra aportó asimismo material abundante de la dinámica
del grupo del H. de D. -que luego me enteraría por él mismo
que está compuesto por 10 pacientes, siendo el número de pacientes
que acuden al club de 30-, en donde se apreciaba que el tema
que traían los pacientes era la proximidad de la fecha del alta,
que se cambió desde el 7 de abril hasta el 30 del mismo mes.
Las emociones eran de ansiedad y de rabia por el autoritarismo
de los médicos, y el miedo a la ocupación de la nueva posición
personal consistente en un funcionamiento psicológico más autónomo
y maduro, con una mayor soledad. Salímos juntos el psiquiatra
y yo, quedando los psicólogos del H. de D. Ana, Ingrid, Petra
y Antonio sentados en la sala. El efecto lo viví como si yo
hubiera ocupado el puesto de observador del grupo. Él me habló
del problema que tienen con la escasa participación de los miembros
del equipo en los debates que se suscitan, de la falta de tiempo
para trabajar en el espacio de las reuniones de equipo. Yo le
expuse por primera vez mi idea de escribir un libro sobre la
comunidad terapéutica. "La tecnología ya la tenemos", afirmé.
11
de abril de 1997
Asisten
a la reunión Maider, Blas, Petra, el enfermero psiquiátrico,
Charo, Beti, Mirta y Antonio. Se avisa que la psiquiatra no
acudirá a exponer el caso de Lola porque asiste a una reunión
de coordinación de zona con los psiquiatras del Hospital de
la comarca.
Beti
entraría más tarde, dejando muy claro su posición de liderazgo
en el grupo del equipo dadas las especiales emociones que suscita
en todos sus miembros, quienes le reconocen su buena mano profesional
con los pacientes y el especial afecto que éstos le profesan.
Al principio hablaría Charo exponiendo las últimas novedades
con los pacientes y con las familias que atendió ayer. Todos
tomarían en algún momento la palabra. Yo también participé con
mi aportación sobre los fenómenos dinámicos de los pacientes
esquizofrénicos.
Beti
fue quien se encargó de tomar notas del estado de cada paciente
del Hospital de Día. Esto me permitió conocer al detalle la
situación de cada paciente. Son trece. Dos se despedirán próximamente
por alta médica. Charo plantea sus dificultades con su contratransferencia
ante las actitudes destructivas de varios de sus pacientes habidas
en la sesión de grupo de ayer.
El
psiquiatra no asiste. Fue Charo quien anunció que no podría
acudir hoy por encontrase ocupado en otra tarea. Cuando me presentaron
a Beti yo añadí que ya la conocía de vista desde hace muchos
años, lo que produjo un efecto de refuerzo de la cohesión grupal.
Ella me lo confirmó. "Yo te conozco de algo pero no sé de qué",
dijo.
14
de abril de 1997
Reunión
de equipo. La actividad empezaría con un retraso significativo,
a las 9 horas cuando lo normal sería comenzar a las 8;40 horas.
Estamos presentes 10 miembros. Carla y yo llegamos los primeros.
Luego se sumarían Blas, Antonio, Maider, el enfermero psiquiátrico,
el psiquiatra, la Dra. Bilbao, Mirta, y la última fue Charo.
Durante
la sesión la Dra. Bilbao, la psiquiatra invitada al espacio,
presenta la historia de una de sus pacientes, Juana, que está
en el Hospital de Día. Es curioso porque la razón de su asistencia
hoy era el hecho de no haber podido celebrarse la sesión clínica
el viernes por encontrarse ella en la reunión de zona con los
psiquiatras del hospital comarcal. Yo esperaba que expusiera
el caso de Lola tal y como se había anunciado primero. Ella
dice tener los historiales de cuatro de sus pacientes como respuesta
a la invitación del psiquiatra a que tomara la palabra.
Sin
embargo La Dra. Bilbao no habla de Lola, paciente que no habla
en los espacios grupales, siendo que la psiquiatra individual
poseía una visión diagnóstica diferente a la del equipo del
Hospital de Día. La psiquiatra sostenía que había mejorado mientras
que el equipo defendía la idea del impasse psicoterapéutico,
quedándome yo con la idea de una simbiosis patológica psiquiatra-paciente
con el objeto defensivo de no cambiar.
Pero
la psiquiatra narra el estado en el que se encuentra otra de
sus pacientes que comparte con el equipo del Hospital de Día,
Juana. En el historial aprecio que esta mujer joven ha desarrollado
una simbiosis con su psiquiatra, copia exacta de su vinculo
con el anterior psiquiatra, el Dr. Pérez, quien la atendió durante
mucho tiempo. El padre del psiquiatra había atendido a la madre
de la paciente, quien a su vez ejerció la profesión de enfermera
y la de psicoterapeuta. La madre se suicidó hace pocos años.
La paciente tuvo un serio intento de suicidio y desarrolló una
crisis por aquel entonces. Su psiquiatra se implicó mucho a
nivel personal. Llegó incluso a visitarla en su propia casa.
Ella le solicitó ser ingresada. Él la ingresó en su clínica
privada que no se encontraba en condiciones de atender a pacientes
como Juana, pues se trataba en realidad de un geriátrico. El
tratamiento acabó un tanto precipitadamente puesto que el psiquiatra
derivó a su paciente a una psicóloga, y desde allí la enferma
hizo otra crisis que desembocó en un ingreso en el Hospital
psiquiátrico comarcal. Allí la paciente mantuvo una relación
sexual con un enfermo que se parecía físicamente a su expsiquiatra.
Este episodio le culpabilizó extraordinariamente a la enferma.
No se lo ha contado a nadie excepto a su compañero de grupo
de Hospital de Día, Kin.
Kin
estudió con ella en el instituto. Se informa por parte del enfermero
psiquiátrico y de Carla de que la enferma ha iniciado un proceso
de relación con Carla. El psiquiatra anima a Carla a insistir
en sus charlas con Juana con el fin de ayudarla a que se comunique
y se conecte más.
La
psiquiatra muestra su sentimiento de culpa por haber tomado
la decisión de someter a Juana a un análisis de sangre para
despistar una infección VIH. La paciente se asustó. Se dio cuenta
de las intenciones de su psiquiatra y ha entrado en crisis la
relación idílica que mantenía con la psiquiatra. Ahora le espera
todos los días a la entrada de su consulta para pedirle más
información y también más cuidados contra la angustia de muerte.
La paciente plantea un delirio en el que hace el amor con su
antiguo psiquiatra. Se discute si el delirio es o no es un delirio,
si es o no es una realidad vivida. Se encuentra una formación
transaccional, es un delirio pero que no está tan lejos de los
hechos vividos. Anima a esta interpretación el hecho sucedido
en el hospital psiquiátrico comarcal, allí la paciente mantuvo
una relación con un enfermo parecido a su expsiquiatra. Se valora
la calidad altamente psicotizante de sus experiencias vividas
en el ambiente familiar. Una madre que de suicida, un padre
que aporta poco. La paciente le dijo a su psiquiatra que deseaba
que su padre estuviera presente en su consulta individual con
el objeto de preguntarle al padre aquello que ella no le entendía
a la psiquiatra. Pero la psiquiatra mantiene el espacio individual,
aunque luego hace entrar al padre a petición de la paciente.
La paciente le dijo a la psiquiatra que ella deseaba que estuviera
presente el padre en las consultas porque luego el padre le
hacía preguntas sobre lo que le había dicho la psiquiatra que
ella no siempre sabía responder ni se acordaba de ellas.
Se
aclaró el miedo atroz de la paciente a contar su secreto al
grupo ya que éste al ser el representante de lo social, difundiría
al grupo social de su pueblo, una localidad situada a 10 km
del Centro de Salud Mental, su relación amorosa, de la que tanta
culpa, humillación y vergüenza ella siente. Éstos son sus temores.
Planeaba sobre la sesión la duda sobre una relación incestuosa,
que nadie se atrevió a mencionar. El tabú social. La analítica
era baja en linfocitos. Lo normal son el 30% y los análisis
daban un 11%. La paciente toma Clozapina, 300 mg al día. La
psiquiatra no quiere volver a cambiar la medicación a su paciente.
Precisamente del análisis de rutina de control del Clozapina
salió el dato de los linfocitos bajos el temor de la psiquiatra
a una infección incurable y el miedo paranoide de la paciente
a que todo el mundo descubra su secreto, la relación amorosa
con su psiquiatra. Al psiquiatra le di el impreso de solicitud
de admisión a la APAG distribuido en diciembre de 1989 en el
1º Congreso Nacional de la APAG, el tríptico distribuido en
las IV Jornadas Nacionales celebradas en noviembre de 1996 en
Zaragoza, y la hoja de recogida de los datos bancarios elaborada
a raíz de las III Jornadas Nacionales de la APAG celebrada en
noviembre de 1994 en Barcelona. El psiquiatra me lo agradeció.
Hablé por primera vez con Clara sobre pacientes de la institución
y sobre mi función allí. Ya no existen ansiedades paranoides
entre nosotros.
27
de mayo de 1997
Seminario.
Acudimos 16 asistentes. Está presente el líder, el jefe del
servicio. Leemos a Jorge E García Badaracco. El debate se establece
en torno a la idea de que antes de interpretar a los pacientes
es preciso crear un ambiente de confianza desde el que se pueda
realizar el trabajo analítico de crecimiento personal y el paciente
le sea posible desarrollar su proceso psíquico. Fernando pregunta
por el trabajo de Freud, por qué fue de él. Se le responde que
hace ya tres seminarios que estamos con el trabajo de Badaracco.
El
jefe del servicio, antes de empezar me confiesa que conoce que
yo leí la novela de Tomás que aquél no permitió que él la leyera.
Le di la explicación de la existencia de varios personajes en
el personaje principal, la esquizofrenia proyectada del paciente.
Sentí que tal consideración que me comunicó el jefe del servicio
tenía que ver con mi cualidad de vinculador a los pacientes
especialmente psicóticos. Después le entrego al psiquiatra la
memoria de los primeros dos meses de mi asistencia voluntaria
a la institución.
Paso
al H de D. Allí encuentro a tres pacientes solamente. A partir
de las 10,30h van apareciendo el resto de los pacientes. Llegarían
11 pacientes. Faltaron Mari, Kin que está ingresado e Graciela
también ingresada. Conecto fácil con Jeremías con quien siento
una sensación de hermandad entrañable. Siempre desayunamos juntos
los dos. Este paciente al final de las actividades del día me
pediría ayuda para localizar al enfermero psiquiátrico con el
objeto de recibir la medicación que se le administra junto con
el control de peso. En la actividad de la musicoterapia estuvimos
por parte del staff: el enfermero psiquiátrico, Maider y yo.
Faltó el tuno Alberto. Era la última sesión de esta actividad.
Yo tuve la intuición de que este chico tenía un fuerte conflicto
con las figuras femeninas investidas de poder. Maider es una
líder femenina con una fuerte personalidad. Me dí cuenta de
ello en el momento del segundo café, cuando estaban presentes
los dos chicos Alberto y Blas. En un momento ambos le pidieron
un pitillo de los suyos. Maider concedió la petición sin perder
su aire de líder que controlaba la situación. Acentuaba esta
percepción la suprema estatura de esta mujer. Nunca lo vi tan
claro. Esta mujer está muy centrada en sí misma. La actividad
consistió en realizar unos sonidos con las cinco vocales asociando
una forma, un color y un sentimiento. A la actividad no se sumó
Lola, quien se mantuvo durante todo el rato en el área del sofá
llorando amargamente, sola. Su imagen era la de una mujer abandonada
que escenografiaba su dolor, su depresión. Me pareció ver una
estructura melancólica, a propósito de diagnósticos. Chus tampoco
participaría.
Trabajamos
las manos y sus contactos en parejas. Jeremías vino a mí. Yo
me acordaba de su comentario durante el desayuno, eso de que
le gustaría enseñarme sus esculturas invitándome a pasar a su
piso. La comunicación fue abierta con Jeremias. Él se comunicó
conmigo a pesar de su intensa pereza y cansancio que yo me expliqué
producido por su trabajo mental en la psicoterapia del Hospital
de Día. Hicimos la puesta en común. Así el sueño del enfermero
psiquiátrico y mío de antes de la actividad desaparecería después
de la misma. Yo sentí apertura, aproximación y cercanía. Maider
me dijo que había abierto mucho la boca. Luego, durante el segundo
café, los pacientes Sam, Gabriel, Tomás me preguntaron por el
número de cuentos que yo había escrito, y por si me había presentado
a los certámenes literarios. Me animaron a seguir. Me resultó
muy curioso. Tomás me confió su dificultad a la hora de seguir
leyendo. Teresa dijo que hoy tenía muchas ganas de estudiar
la asignatura que debe de examinarse en junio. La ví muy contenta.
Se
pasó a la confección de la lista de las compras para la celebración
de la despedida de Alberto. Luego vino el psicodrama. Durante
el mismo percibí dos fenómenos de grupo igualmente intensos.
Uno era que sentía por momentos unas ganas intensas de dormir.
El otro era que los pacientes participaban en un festín maníaco
con sus risitas cuando se abordaba la tarea de la representación
de un paciente esquizofrénico buscando trabajo, acudiendo a
una primera entrevista, trabajando a prueba, suspendiendo en
la misma y volviendo al paro. Paúl representó el personaje y
estuvo muy maníaco, casi cómico, tratando un problema muy angustioso.
Ante los señalamientos del psiquiatra, se quedó serio. Pero
Teresa y otros seguían con el festín. Al final Chus empezó con
un delirio sobre los problemas de la humanidad consistentes
en el conflicto entre los ricos y los pobres. Siguió con la
necesaria revolución. El psiquiatra le señaló el carácter alucinatorio
de su análisis. Así acabó.
Luego,
personalmente, nos fue avisando uno a uno de que por una reunión
sindical se suspendía la reunión de equipo. La segunda en la
semana. Teresa nos contó que había reprochado a Chus su delirio
señalándole el lugar en donde se encontraban sus problemas,
en su cabeza, y la respuesta enfurecida de éste, ya fuera de
la actividad. En el metro nos encontramos Carla, Blas y yo a
Pepe, paciente del club, con el que viajamos hasta el apeadero
de la estación de su pueblo situado a 12 kilómetros del Centro
de Salud Mental.
Con
Blas mantuve una conversación acerca de la falta de puntualidad
del grupo del Hospital de Día, una hora más tarde. Yo apuntaba
a la resistencia al cambio. Él a la despedida de Alberto, que
para Chus, el paciente que deliró al final del psicodrama, suponía
la pérdida de un verdadero amigo.
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