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El
más influyente e indiscutido autor en este terreno en
nuestro país es Pedro Laín Entralgo, quien, aunque
catedrático de Historia de la Medicina, ha contribuido
profundamente a la conceptualización de aspectos esenciales
de la psicología médica, con obras tales como
"El médico y el enfermo", el "Diagnóstico
Médico", sus "Estudios de Historia de la Medicina
y Antropología Médica" y otros muchos.
Desde
1990, por el Real Decreto 147/90, de 26 de octubre, la Psicología
Médica ha quedado definida como asignatura única
de una materia troncal, dedicada al estudio de las bases psicológicas
de los estados de salud y enfermedad. La sección correspondiente
al estudio de las funciones psíquicas normales ha sido
ampliada, para incluir también el de sus alteraciones,
con lo que la Psicopatología pasa a ser materia propia
de la Psicología Médica. Los aspectos psicológicos
del ciclo vital y de situaciones especiales como el embarazo
y la menopausia, que son también de interés obvio
para el médico, como lo son toda la gama de reacciones
ante la incapacidad, el sufrimiento y la muerte forman parte
esencial de la Psicología Médica, como lo son
la Medicina Psicosomática, la estructura de la personalidad
y las psicoterapias.
Algunos autores, como Penzo (1990), señalan además
la importancia de incluir el estudio del proceso de razonamiento
médico como uno de los te-mas propios de la Psicología
Médica, aspectos con el que estamos totalmente de acuerdo.
Así, en un trabajo previo (González de Rivera,
1996), hemos discutido los aspectos psicológicos, tanto
emocionales como cognitivos, del proceso diagnóstico,
señalando además sus implicaciones éticas
para la buena práctica médica. En este mismo trabajo,
ampliando el esquema de Laín, hemos considerado las "motivaciones
diagnósticas", como muestras de la importancia de
este tipo de estudio psicológico para la formación
de la correcta actitud médica. De todas las motivaciones
que llevan a querer lograr un diagnóstico preciso, solamente
una, el motivo humanitario, es totalmente aceptable en las más
estricta ética médica. Las demás son, o
motivaciones espúreas que deben ser corregidas durante
la formación, o acciones del médico en cuanto
agente de otra identidad profesional que no es la suya. En su
aspecto más amplio, este apartado imprescindible para
la Psicología Médica, que podríamos denominar
la "psicología del médico", incluye
el estudio de la motivaciones que determinan la elección
de esta profesión, los efectos psicológicos previsibles
en su ejercicio, y el conjunto de medidas formativas y preventivas
aconsejables.
Motivos del diagnóstico
a)
El motivo científico: saber.
b) El motivo humanitario: ayudar.
c) El motivo de lucro: prestigio personal.
d) El motivo social: consecuencias administrativas o legales.
e) El motivo ansiolítico: defensa ante la angustia del
padecimiento humano.
En: González de Rivera (1996): `La ética del diagnóstico".
Definición de la psicología médica
Como señala Guimón (1979), el intentar proponer
una definición de un término no es la mejor manera
de acercarse a la comprensión de su contenido. Ello es
particularmente cierto cuando, como en el caso que ahora nos
ocupa, este término engloba dos conceptualizaciones muy
amplias y ricas de contenido, psicología y medicina,
dotadas de múltiples convergencias y diferencias.
Conceptualmente, la definición fórmula las condiciones
necesarias y suficientes para que el término definido
pueda ser aplicado, pero, para que tenga utilidad práctica,
debe expresar esta significación de una manera abreviada.
Sin embargo, esta función de abreviatura no es exclusiva
de la definición. La "descripción" también
sirve para denotar de manera resumida y verbalizable un ente,
pero sin llegar a especificar ni facilitar la comprensión
de su significado. Así, decir que el test de Rorscharch
es "el test de las manchas de tinta" sirve para que
nuestro ayudante lo encuentre entre los papeles de la mesa,
pero no define propiamente lo que es. De la misma manera, decir,
como veremos más adelante, que la Psicología Médica
es "una psicología para médicos" constituye
más una descripción que una definición.
Junto a la definición y la descripción, tenemos
una tercera posibilidad, de gran ayuda ante términos
de abundante riqueza conceptual: la indicación. En contraposición
con la definición estricta, la indicación permite
formular definiciones amplias, que especifican el significado
de un término mediante afirmaciones que dan evidencia
de sus contenidos. Claro que las indicaciones no pretenden ser
equivalentes totales en significado a las formulaciones conceptuales
internas del ente que tratamos de definir, por lo que se denominan
también definiciones parciales, condicionales, etc.
La mayoría de las definiciones dadas a la psicología
médica pueden considerarse como indicaciones, y algunas
meramente como descripciones. La más obvia de todas ellas
es la de "Psicología para médicos",
esto es, el conjunto de conocimientos psicológicos necesarios
para el ejercicio de la medicina. Puede ser esta dificultad
en definir la Psicología Médica lo que llevó
a López-Ibor (1970), muy en línea con Feuchtersleben
y con Krestchemer a afirmar que:
"La Psicología Médica no es una disciplina
per se sino una sección que se opera en los temas psicológicos,
recabando para sí los que tienen interés para
los médicos".
Sin embargo, el mismo autor sienta a continuación, en
el mismo texto, las bases para que la psicología médica
pueda devenir una "disciplina per se", cuando añade:
"En un segundo momento (la psicología médica)
lanza sobre los temas genuinamente médicos una perspectiva
especial".
Rojo Sierra (1976) abunda en esa opinión, señalando
que, además, la Psicología Médica no ha
de restringirse a lo que aporta la psicología oficial
o actual, sino que debe recurrir a la Filosofía o a cualquier
otra ciencia subjetiva o Arte, que permita al médico
adquirir unos fundamentos de pensamiento para comprender los
modos, las actitudes y las miras de la persona humana, inmersa
en el mundo en el que vive. Esta definición nos permitiría
considerar a ciertas fuentes literarias como parte de la psicología
médica, en tanto en cuanto pueden ofrecer perspectivas
singulares sobre el funcionamiento humano, y contribuir a la
formación de actitudes médicas.
Rey Ardid (1974) concuerda en lo fundamental con los autores
anteriores, en cuanto considera que: "La Psicología
Médica abarca cuantos problemas y cuestiones psicológicas
son de importancia para la comprensión y el tratamiento
racional de los enfermos", ampliando el enfoque cuando
agrega que "también debe incluir conocimientos que
favorezcan el logro del bienestar psicofísico de la humanidad
(Psico-higiene), con lo cual hace confluir la psicología
médica con la Medicina Preventiva.
De manera análoga, Kerekjarto (1978) define la psicología
médica como "la psicología en la educación
médica, en la investigación y en la práctica
clínica".
De las definiciones precedentes parece desprenderse el consenso
general de que la Psicología Médica es aquel aspecto
de la Psicología que tiene un interés especial
para el médico; y podríamos razonablemente añadir
que, siendo la función del médico eminentemente
práctica, este segmento de la Psicología debe
servir para propósitos prácticos definidos. Quizás,
entonces, antes de proseguir, habríamos de encontrar
una definición satisfactoria de lo que es la Psicología,
a secas, aunque sea de manera forzosamente breve.
Inciso:
¿Qué es la Psicología?
De la Psicología como "ciencia de la vida mental"
(William James, 1890) a la Psicología como "ciencia
de la conducta" (Watson, 1913) hay más que un cambio
de énfasis de lo subjetivo a lo objetivo. Como he apuntado
más arriba, la obsesión por definiciones específicas
y científicas puede limitar, más que ampliar,
nuestro conocimiento. Cuando Watson restringe la Psicología
al estudio de la conducta lo hace con pretensiones de lograr
un status científico similar al de las ciencias de la
naturaleza, lo cual parece conseguir a riesgo de despojarla
de lo que tiene de más específicamente psicológico.
Delclaux (1978), como catedrático de Psicología,
define de manera amplia la Psicología en general como
la "ciencia que estudia el funcionamiento humano",
aclarando que en el concepto de "funcionamiento humano"
se incluye "algo más que la conducta, que es la
mente". Al analizar esta definición, cabría
preguntarse qué es y a qué genero pertenece el
alma ya que "mente" no deja de ser la expresión
moderna y agnóstica de este elusivo concepto. Por eso,
muchos autores, como Seva (1974), Ruiz Ogara (1978) y Ortega-Monasterio,
entre otros, prefieren utilizar términos como "fenómenos
psíquicos" o "procesos mentales subjetivos",
con objeto de evitar la impresión de que aceptan la menta
como sustancia.
En la misma línea, he defendido en otro lugar el punto
de vista de denominado "unitarismo bimodal", que considera
la aparente dicotomía entre mente y cuerpo como inexistente.
Según este punto de vista, el ser humano tiene un modo
de funcionar único, y sus distintas manifestaciones se
catalogan como biológicas o psicológicas, no en
función de sí mismas, sino según los métodos
de observación que a ellas se apliquen (González
de Rivera, 1980). Teniendo en cuenta este punto de vista, podemos
definir la Psicología como "el estudio no biológico
de las manifestaciones del funcionamiento humano, incluyendo
todos los fenómenos subjetivos, es decir, accesibles
solamente al individuo que los produce, todos los actos de conducta
manifiesta, es decir, accesibles a la observación de
los demás, y, hasta cierto punto, la interacción
de estas manifestaciones con las de otros individuos, es decir,
creadoras de circunstancias susceptibles de afectar el funcionamiento
de otros humanos" (González de Rivera, 1999).
De manera análoga, y con la vista ya puesta en su aplicación
a la psicología médica, Delay y Pi-chot (1966)
definen la Psicología Humana como "el estudio del
hombre en la doble vertiente de su comportamiento y conducta,
por una parte; de sus estados de conciencia, por otra; intenta
formular las leyes de estos fenómenos y explicar su génesis,
con el fin de poderlos modificar eventualmente".
Recordando que lo que nos ocupa es la Psicología Médica,
y teniendo en cuenta que la medicina es una actividad práctica
y el médico no es, en principio, psicólogo, parece
conveniente que intentemos definir la Psicología desde
su particular punto de vista. Lo que el médico, igual
que cualquier otra persona instruida que no sea psicólogo,
espera de la Psicología es que le ayude a entender la
forma de ser de los demás seres humanos, dándole
una cierta comprensión sobre lo que ocurre en su vida
interior y clarificando los motivos de sus acciones.
Psicología Médica y Psiquiátrica
Llegando
a estas consideraciones, es más que conveniente recordar
que, bien integrada en la medicina, existe una disciplina que
se ocupa de comprender subjetividades, valorar conductas y clarificar
motivaciones, aunque sean patológicas. Por eso varios
autores incluyen la Psiquiatría en su visión de
lo que es la psicología para médicos. Así,
Alonso Fernández (1973) afirma: "Debemos considerar
a la Psicología Médica como una disciplina nutrida
a la vez por corrientes psicológicas y psiquiátricas,
que se caracteriza por tener su campo de proyección en
el ámbito de la medicina". Mowbray (1978) concurre
en considerar que el campo de la Psicología Médica
se encuentra situado entre la Psiquiatría y la Psicología,
con una proyección singular en el campo de la medicina.
La psiquiatría ha ido tomando sus conocimientos de tres
fuentes, cada vez más caudalosas y divergentes: la psicología,
las neurociencias y las ciencias sociales. Aunque durante un
tiempo se realizaron valerosos esfuerzos por mantener una integración
férrea, no queda más remedio que reconocer la
distribución del conocimiento psiquiátrico actual
entre tres polos de límites internos imprecisos: la psiquiatría
biológica, la psiquiatría social y la psicología
médica. Las tres vertientes son Psiquiatría, identidad
que puede irse difuminando según se progresa hacia sus
límites externos. En estas zonas fronterizas es donde
se desarrollan las colaboraciones, y también las luchas,
que tanto enriquecen el conocimiento. Desde ellas puede decirse
que la Psicología Médica ya no es medicina, sino
"aquella parte de la psicología que estudia el comportamiento
o las interacciones del individuo en relación con la
salud y con la enfermedad" (Penzo, 1990).
Por otra parte, es notable que estas dos disciplinas, psicología
y psiquiatría, que tienen de común en su denominación
el prefijo psique, han entrado en interacción real muy
recientemente. Ello quizá se deba a que la Psicología
procede históricamente de la Filosofía, y su desarrollo
científico ha discurrido entre la especulación
subjetiva y la observación experimental, mientras que
la Psiquiatría procede del tratamiento médico
del enfermo mental, y es por lo tanto una ciencia empírica
y específicamente humana. No ha de ser el menor de los
méritos de la Psicología Médica el servir
de arena para estas dos corrientes confluyan y tiendan a su
mutua fertilización y complementariedad.

Psicología
Médica como parte de la Medicina
Particularmente
interesantes son los puntos de vista de Seva y de Morales-Meseguer,
que hacen confluir en la Psicología Médica no
sólo la influencia de la Psiquiatría, sino la
de las Ciencias Médicas en su conjunto. No carece de
interés recordar, en este punto, que uno de los primeros
tratados modernos de psicología, el de William James,
cuya primera edición data de 1892, está fuertemente
influido por consideraciones de interés psicofisiológico
y psicopatológico, lo cual no podía ser menos,
teniendo en cuenta que, antes de ser profesor de Psicología
en Harvard, W. James lo fue de Fisiología en la Facultad
de Medicina de la misma Universidad. De hecho, si no fuera por
la deliberada desatención a los temas relacionales la
obra de James podría servir como una buena introducción
a la psicología médica, aunque obviamente incompleta
por designio expreso de su autor.
Si bien hemos visto que la psicología médica ha
sido durante largo tiempo considerada como una derivación
aplicada de la psicología, bien es verdad que algunos
de los desarrollos recientes permiten empezar a considerarla
como una disciplina en sentido formal, tal como sugiere Ridruejo
(1996), y, de una manera mucho más taxativa, Morales-Me-seguer
(1989) y Ruiz Ruiz (1989). La medicina, dispuesta siempre a
aplicar cualquier conocimiento para cumplir sus fines terapéuticos,
en un característico pragmatismo oportunista, aprovecha
y aplica elementos de la psicología para mejor comprender
y ayudar al enfermo, y de ahí el concepto de psicología
para médicos. Pero también, en éste, como
en otros temas, acaba por crear, a partir de su propia actividad
clínica, un campo de conocimiento cuyo origen ya no está
en la asimilación instrumental de otras ciencias, sino
en su propia investigación sobre los mecanismos de la
enfermedad, las posibilidades terapéuticas y el mismo
quehacer médico en sí. Con menos énfasis,
Delay y Pichot reconocen este doble aspecto de la Psicología
Médica, que, aunque fundamentalmente una psicología
aplicada, posee la potencialidad de desarrollar, ante un problema
nuevo ajeno al marco general de la psicología, investigaciones
y elaboraciones propias.
Otro aspecto a tener en cuenta, como destacan autores como Ph.
Jeammet (1982), es que, si todo acto médico implica al
hombre en su totalidad, el impacto psicológico que en
él se desarrolle dependerá profundamente de las
personalidades de los participantes y de la calidad de su interacción.
Entorpecida simultáneamente por las exigencias burocráticas
y por la progresiva tecnificación, la medicina toda está
necesitada de una revisión profunda, que modifique nuestro
concepto de la enfermedad, del enfermo, del médico, y
del contexto en que tiene lugar su interacción, de tal
manera que, sin perder ninguno de sus avances, cumpla su vocación
de ciencia centrada en el ser humano.
Sin embargo, y aparte de los aspectos pragmáticos de
su actividad, el médico es también un científico,
y debe conocer los fundamentos teóricos de su práctica.
Por ello, siguiendo a Paul Schilder (1924), podremos afirmar
que "la Psicología Médica debe también
interesarse por aspectos de la Psicología Experimental,
con objeto de estudiar las relaciones mente-cerebro-cuerpo y
obtener información sobre las influencias de la vida
mental sobre la somática" y viceversa, de la somática
sobre la psíquica, añadiría yo.
Llegamos así a añadir una nueva característica
a la Psicología Médica, consistente en servir
de instrumento para la investigación de aspectos del
funcionamiento humano en los que se correlacionan o interaccionan
procesos fisiológicos y mentales (cognitivos, emocionales,
perceptuales...). Como quiera que los fenómenos mentales,
aún más que los biológicos, están
íntimamente relacionados y condicionados por el entorno
social del individuo, resulsa inescapable incluir la interacción
de estos fenómenos sociales con la de los biológicos
y los psicológicos.
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