Vol. 2, núm. 2 - Julio 2003     Revista Internacional On-line / An International On-line Journal  
  La psicología médica. (pág. 2)
J. L. González de Rivera y Revuelta
 

El más influyente e indiscutido autor en este terreno en nuestro país es Pedro Laín Entralgo, quien, aunque catedrático de Historia de la Medicina, ha contribuido profundamente a la conceptualización de aspectos esenciales de la psicología médica, con obras tales como "El médico y el enfermo", el "Diagnóstico Médico", sus "Estudios de Historia de la Medicina y Antropología Médica" y otros muchos.

Desde 1990, por el Real Decreto 147/90, de 26 de octubre, la Psicología Médica ha quedado definida como asignatura única de una materia troncal, dedicada al estudio de las bases psicológicas de los estados de salud y enfermedad. La sección correspondiente al estudio de las funciones psíquicas normales ha sido ampliada, para incluir también el de sus alteraciones, con lo que la Psicopatología pasa a ser materia propia de la Psicología Médica. Los aspectos psicológicos del ciclo vital y de situaciones especiales como el embarazo y la menopausia, que son también de interés obvio para el médico, como lo son toda la gama de reacciones ante la incapacidad, el sufrimiento y la muerte forman parte esencial de la Psicología Médica, como lo son la Medicina Psicosomática, la estructura de la personalidad y las psicoterapias.
Algunos autores, como Penzo (1990), señalan además la importancia de incluir el estudio del proceso de razonamiento médico como uno de los te-mas propios de la Psicología Médica, aspectos con el que estamos totalmente de acuerdo. Así, en un trabajo previo (González de Rivera, 1996), hemos discutido los aspectos psicológicos, tanto emocionales como cognitivos, del proceso diagnóstico, señalando además sus implicaciones éticas para la buena práctica médica. En este mismo trabajo, ampliando el esquema de Laín, hemos considerado las "motivaciones diagnósticas", como muestras de la importancia de este tipo de estudio psicológico para la formación de la correcta actitud médica. De todas las motivaciones que llevan a querer lograr un diagnóstico preciso, solamente una, el motivo humanitario, es totalmente aceptable en las más estricta ética médica. Las demás son, o motivaciones espúreas que deben ser corregidas durante la formación, o acciones del médico en cuanto agente de otra identidad profesional que no es la suya. En su aspecto más amplio, este apartado imprescindible para la Psicología Médica, que podríamos denominar la "psicología del médico", incluye el estudio de la motivaciones que determinan la elección de esta profesión, los efectos psicológicos previsibles en su ejercicio, y el conjunto de medidas formativas y preventivas aconsejables.


Motivos del diagnóstico

a) El motivo científico: saber.
b) El motivo humanitario: ayudar.
c) El motivo de lucro: prestigio personal.
d) El motivo social: consecuencias administrativas o legales.
e) El motivo ansiolítico: defensa ante la angustia del padecimiento humano.

En: González de Rivera (1996): `La ética del diagnóstico".

Definición de la psicología médica

Como señala Guimón (1979), el intentar proponer una definición de un término no es la mejor manera de acercarse a la comprensión de su contenido. Ello es particularmente cierto cuando, como en el caso que ahora nos ocupa, este término engloba dos conceptualizaciones muy amplias y ricas de contenido, psicología y medicina, dotadas de múltiples convergencias y diferencias.
Conceptualmente, la definición fórmula las condiciones necesarias y suficientes para que el término definido pueda ser aplicado, pero, para que tenga utilidad práctica, debe expresar esta significación de una manera abreviada. Sin embargo, esta función de abreviatura no es exclusiva de la definición. La "descripción" también sirve para denotar de manera resumida y verbalizable un ente, pero sin llegar a especificar ni facilitar la comprensión de su significado. Así, decir que el test de Rorscharch es "el test de las manchas de tinta" sirve para que nuestro ayudante lo encuentre entre los papeles de la mesa, pero no define propiamente lo que es. De la misma manera, decir, como veremos más adelante, que la Psicología Médica es "una psicología para médicos" constituye más una descripción que una definición.

Junto a la definición y la descripción, tenemos una tercera posibilidad, de gran ayuda ante términos de abundante riqueza conceptual: la indicación. En contraposición con la definición estricta, la indicación permite formular definiciones amplias, que especifican el significado de un término mediante afirmaciones que dan evidencia de sus contenidos. Claro que las indicaciones no pretenden ser equivalentes totales en significado a las formulaciones conceptuales internas del ente que tratamos de definir, por lo que se denominan también definiciones parciales, condicionales, etc.
La mayoría de las definiciones dadas a la psicología médica pueden considerarse como indicaciones, y algunas meramente como descripciones. La más obvia de todas ellas es la de "Psicología para médicos", esto es, el conjunto de conocimientos psicológicos necesarios para el ejercicio de la medicina. Puede ser esta dificultad en definir la Psicología Médica lo que llevó a López-Ibor (1970), muy en línea con Feuchtersleben y con Krestchemer a afirmar que:
"La Psicología Médica no es una disciplina per se sino una sección que se opera en los temas psicológicos, recabando para sí los que tienen interés para los médicos".
Sin embargo, el mismo autor sienta a continuación, en el mismo texto, las bases para que la psicología médica pueda devenir una "disciplina per se", cuando añade: "En un segundo momento (la psicología médica) lanza sobre los temas genuinamente médicos una perspectiva especial".
Rojo Sierra (1976) abunda en esa opinión, señalando que, además, la Psicología Médica no ha de restringirse a lo que aporta la psicología oficial o actual, sino que debe recurrir a la Filosofía o a cualquier otra ciencia subjetiva o Arte, que permita al médico adquirir unos fundamentos de pensamiento para comprender los modos, las actitudes y las miras de la persona humana, inmersa en el mundo en el que vive. Esta definición nos permitiría considerar a ciertas fuentes literarias como parte de la psicología médica, en tanto en cuanto pueden ofrecer perspectivas singulares sobre el funcionamiento humano, y contribuir a la formación de actitudes médicas.

Rey Ardid (1974) concuerda en lo fundamental con los autores anteriores, en cuanto considera que: "La Psicología Médica abarca cuantos problemas y cuestiones psicológicas son de importancia para la comprensión y el tratamiento racional de los enfermos", ampliando el enfoque cuando agrega que "también debe incluir conocimientos que favorezcan el logro del bienestar psicofísico de la humanidad (Psico-higiene), con lo cual hace confluir la psicología médica con la Medicina Preventiva.
De manera análoga, Kerekjarto (1978) define la psicología médica como "la psicología en la educación médica, en la investigación y en la práctica clínica".

De las definiciones precedentes parece desprenderse el consenso general de que la Psicología Médica es aquel aspecto de la Psicología que tiene un interés especial para el médico; y podríamos razonablemente añadir que, siendo la función del médico eminentemente práctica, este segmento de la Psicología debe servir para propósitos prácticos definidos. Quizás, entonces, antes de proseguir, habríamos de encontrar una definición satisfactoria de lo que es la Psicología, a secas, aunque sea de manera forzosamente breve.

Inciso: ¿Qué es la Psicología?

De la Psicología como "ciencia de la vida mental" (William James, 1890) a la Psicología como "ciencia de la conducta" (Watson, 1913) hay más que un cambio de énfasis de lo subjetivo a lo objetivo. Como he apuntado más arriba, la obsesión por definiciones específicas y científicas puede limitar, más que ampliar, nuestro conocimiento. Cuando Watson restringe la Psicología al estudio de la conducta lo hace con pretensiones de lograr un status científico similar al de las ciencias de la naturaleza, lo cual parece conseguir a riesgo de despojarla de lo que tiene de más específicamente psicológico.
Delclaux (1978), como catedrático de Psicología, define de manera amplia la Psicología en general como la "ciencia que estudia el funcionamiento humano", aclarando que en el concepto de "funcionamiento humano" se incluye "algo más que la conducta, que es la mente". Al analizar esta definición, cabría preguntarse qué es y a qué genero pertenece el alma ya que "mente" no deja de ser la expresión moderna y agnóstica de este elusivo concepto. Por eso, muchos autores, como Seva (1974), Ruiz Ogara (1978) y Ortega-Monasterio, entre otros, prefieren utilizar términos como "fenómenos psíquicos" o "procesos mentales subjetivos", con objeto de evitar la impresión de que aceptan la menta como sustancia.
En la misma línea, he defendido en otro lugar el punto de vista de denominado "unitarismo bimodal", que considera la aparente dicotomía entre mente y cuerpo como inexistente. Según este punto de vista, el ser humano tiene un modo de funcionar único, y sus distintas manifestaciones se catalogan como biológicas o psicológicas, no en función de sí mismas, sino según los métodos de observación que a ellas se apliquen (González de Rivera, 1980). Teniendo en cuenta este punto de vista, podemos definir la Psicología como "el estudio no biológico de las manifestaciones del funcionamiento humano, incluyendo todos los fenómenos subjetivos, es decir, accesibles solamente al individuo que los produce, todos los actos de conducta manifiesta, es decir, accesibles a la observación de los demás, y, hasta cierto punto, la interacción de estas manifestaciones con las de otros individuos, es decir, creadoras de circunstancias susceptibles de afectar el funcionamiento de otros humanos" (González de Rivera, 1999).

De manera análoga, y con la vista ya puesta en su aplicación a la psicología médica, Delay y Pi-chot (1966) definen la Psicología Humana como "el estudio del hombre en la doble vertiente de su comportamiento y conducta, por una parte; de sus estados de conciencia, por otra; intenta formular las leyes de estos fenómenos y explicar su génesis, con el fin de poderlos modificar eventualmente".
Recordando que lo que nos ocupa es la Psicología Médica, y teniendo en cuenta que la medicina es una actividad práctica y el médico no es, en principio, psicólogo, parece conveniente que intentemos definir la Psicología desde su particular punto de vista. Lo que el médico, igual que cualquier otra persona instruida que no sea psicólogo, espera de la Psicología es que le ayude a entender la forma de ser de los demás seres humanos, dándole una cierta comprensión sobre lo que ocurre en su vida interior y clarificando los motivos de sus acciones.

Psicología Médica y Psiquiátrica

Llegando a estas consideraciones, es más que conveniente recordar que, bien integrada en la medicina, existe una disciplina que se ocupa de comprender subjetividades, valorar conductas y clarificar motivaciones, aunque sean patológicas. Por eso varios autores incluyen la Psiquiatría en su visión de lo que es la psicología para médicos. Así, Alonso Fernández (1973) afirma: "Debemos considerar a la Psicología Médica como una disciplina nutrida a la vez por corrientes psicológicas y psiquiátricas, que se caracteriza por tener su campo de proyección en el ámbito de la medicina". Mowbray (1978) concurre en considerar que el campo de la Psicología Médica se encuentra situado entre la Psiquiatría y la Psicología, con una proyección singular en el campo de la medicina.
La psiquiatría ha ido tomando sus conocimientos de tres fuentes, cada vez más caudalosas y divergentes: la psicología, las neurociencias y las ciencias sociales. Aunque durante un tiempo se realizaron valerosos esfuerzos por mantener una integración férrea, no queda más remedio que reconocer la distribución del conocimiento psiquiátrico actual entre tres polos de límites internos imprecisos: la psiquiatría biológica, la psiquiatría social y la psicología médica. Las tres vertientes son Psiquiatría, identidad que puede irse difuminando según se progresa hacia sus límites externos. En estas zonas fronterizas es donde se desarrollan las colaboraciones, y también las luchas, que tanto enriquecen el conocimiento. Desde ellas puede decirse que la Psicología Médica ya no es medicina, sino "aquella parte de la psicología que estudia el comportamiento o las interacciones del individuo en relación con la salud y con la enfermedad" (Penzo, 1990).
Por otra parte, es notable que estas dos disciplinas, psicología y psiquiatría, que tienen de común en su denominación el prefijo psique, han entrado en interacción real muy recientemente. Ello quizá se deba a que la Psicología procede históricamente de la Filosofía, y su desarrollo científico ha discurrido entre la especulación subjetiva y la observación experimental, mientras que la Psiquiatría procede del tratamiento médico del enfermo mental, y es por lo tanto una ciencia empírica y específicamente humana. No ha de ser el menor de los méritos de la Psicología Médica el servir de arena para estas dos corrientes confluyan y tiendan a su mutua fertilización y complementariedad.

Psicología Médica como parte de la Medicina

Particularmente interesantes son los puntos de vista de Seva y de Morales-Meseguer, que hacen confluir en la Psicología Médica no sólo la influencia de la Psiquiatría, sino la de las Ciencias Médicas en su conjunto. No carece de interés recordar, en este punto, que uno de los primeros tratados modernos de psicología, el de William James, cuya primera edición data de 1892, está fuertemente influido por consideraciones de interés psicofisiológico y psicopatológico, lo cual no podía ser menos, teniendo en cuenta que, antes de ser profesor de Psicología en Harvard, W. James lo fue de Fisiología en la Facultad de Medicina de la misma Universidad. De hecho, si no fuera por la deliberada desatención a los temas relacionales la obra de James podría servir como una buena introducción a la psicología médica, aunque obviamente incompleta por designio expreso de su autor.
Si bien hemos visto que la psicología médica ha sido durante largo tiempo considerada como una derivación aplicada de la psicología, bien es verdad que algunos de los desarrollos recientes permiten empezar a considerarla como una disciplina en sentido formal, tal como sugiere Ridruejo (1996), y, de una manera mucho más taxativa, Morales-Me-seguer (1989) y Ruiz Ruiz (1989). La medicina, dispuesta siempre a aplicar cualquier conocimiento para cumplir sus fines terapéuticos, en un característico pragmatismo oportunista, aprovecha y aplica elementos de la psicología para mejor comprender y ayudar al enfermo, y de ahí el concepto de psicología para médicos. Pero también, en éste, como en otros temas, acaba por crear, a partir de su propia actividad clínica, un campo de conocimiento cuyo origen ya no está en la asimilación instrumental de otras ciencias, sino en su propia investigación sobre los mecanismos de la enfermedad, las posibilidades terapéuticas y el mismo quehacer médico en sí. Con menos énfasis, Delay y Pichot reconocen este doble aspecto de la Psicología Médica, que, aunque fundamentalmente una psicología aplicada, posee la potencialidad de desarrollar, ante un problema nuevo ajeno al marco general de la psicología, investigaciones y elaboraciones propias.
Otro aspecto a tener en cuenta, como destacan autores como Ph. Jeammet (1982), es que, si todo acto médico implica al hombre en su totalidad, el impacto psicológico que en él se desarrolle dependerá profundamente de las personalidades de los participantes y de la calidad de su interacción. Entorpecida simultáneamente por las exigencias burocráticas y por la progresiva tecnificación, la medicina toda está necesitada de una revisión profunda, que modifique nuestro concepto de la enfermedad, del enfermo, del médico, y del contexto en que tiene lugar su interacción, de tal manera que, sin perder ninguno de sus avances, cumpla su vocación de ciencia centrada en el ser humano.
Sin embargo, y aparte de los aspectos pragmáticos de su actividad, el médico es también un científico, y debe conocer los fundamentos teóricos de su práctica. Por ello, siguiendo a Paul Schilder (1924), podremos afirmar que "la Psicología Médica debe también interesarse por aspectos de la Psicología Experimental, con objeto de estudiar las relaciones mente-cerebro-cuerpo y obtener información sobre las influencias de la vida mental sobre la somática" y viceversa, de la somática sobre la psíquica, añadiría yo.
Llegamos así a añadir una nueva característica a la Psicología Médica, consistente en servir de instrumento para la investigación de aspectos del funcionamiento humano en los que se correlacionan o interaccionan procesos fisiológicos y mentales (cognitivos, emocionales, perceptuales...). Como quiera que los fenómenos mentales, aún más que los biológicos, están íntimamente relacionados y condicionados por el entorno social del individuo, resulsa inescapable incluir la interacción de estos fenómenos sociales con la de los biológicos y los psicológicos.


 
 
           
   
   
   

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