Para
los pacientes que presentan su primer episodio además
de las anteriores se aplican:
Entrevista
para la Evaluación Retrospectiva del Inicio de la Esquizofrenia
(IRAOS) de Hafner et al. (1992). Permite la evaluación
de la sintomatología, los deterioros psicológicos,
las características sociales y demográficas y
el desarrollo evolutivo de aquellos puntos de referencia centrales
en el curso temprano de la psicosis.
Cuestionario sobre Creencias Personales (PBIQ). (Birchwood,
Mason, MacMillan & Healy. 1993). Permite obtener las creencias
personales del paciente sobre su enfermedad a través
de cinco escalas: Control sobre la enfermedad, yo como enfermedad,
expectativas, estigma y contención social.
Procedimiento
A
continuación describimos el protocolo diseñado
para el área sanitaria de Torrelavega-Reinosa en Cantabria.
Comprende una población de unos 160.000 habitantes y
se aplica desde la unidad de salud mental a través de
un programa que se viene desarrollando desde Octubre del 2000.
La unidad de salud mental ha adaptado y desarrollado un protocolo
clínico-asistencial (ver figura 1) destinado a la ITP
con dos ejes básicos, desarrollar una estrategia local
de detección y evaluación temprana desde los centros
de atención primaria y servicios locales de salud mental
y la aplicación de una estrategia terapéutica
combinada que incluya la prestación de tratamiento neuroléptico
con atípicos a dosis bajas y terapia cognitivo conductual.

El
protocolo que presentamos en este trabajo está pensado
para su desarrollo desde un servicio publico de salud y supone
la aplicación integrada de diversos subprogramas a lo
largo de un periodo de tres años: (1) Programa de ITP
para centros de atención primaria. (2) Programa para
el tratamiento farmacológico temprano. (3) Programa psicoeducativo
para pacientes y familiares e intervención familiar en
primeros episodios. (4) Programa de terapia cognitiva dirigida
al ajuste y superación de la psicosis. (5) Programa de
terapia cognitiva para síntomas psicóticos positivos
(Vallina, 2001; 2002).
El
programa empieza con los talleres psicoeducativos para los médicos
en los centros de primaria para continuar posteriormente con
la derivación al servicio desde estos centros, consulta
joven (dispositivo especifico del INSALUD dirigido a atender
población juvenil que no suele frecuentar las consultas
convencionales de atención primaria) y cualquier otro
dispositivo de la comunidad. A continuación, se realiza
el proceso evaluativo, y en función de los resultados
de la evaluación, se organizan los pacientes en tres
grupos: Aquellos que presentan un estado mental de alto riesgo
caracterizado por síntomas inespecíficos y con
antecedentes familiares; a estos se les realiza un análisis
funcional de sus alteraciones y si procede se llevan a cabo
intervenciones psicológicas encaminadas al tratamiento
específico de sus problemas (ansiedad, alteraciones del
sueño, depresión, etc.) a la vez que entran en
seguimiento durante tres años. Si en este periodo se
agravase su estado y aumentase su clínica se aplicaría
el protocolo clínico del grupo de pacientes con síntomas
psicóticos atenuados. Otro grupo lo constituyen quienes
presentan un estado mental de alto riesgo caracterizado por
presentar síntomas psicóticos atenuados o con
carácter breve e intermitente. Estos pacientes son tratados
farmacológicamente con neurolépticos atípicos
a dosis bajas en combinación con terapia cognitivo-conductual
y con psicoeducación sobre el funcionamiento de los procesos
psicológicos. Los pacientes de este grupo que realizasen
un tránsito a la psicosis pasarían al protocolo
de primeros episodios y recibirían el tratamiento indicado
para esta fase. Por último, el grupo de pacientes que
ya manifiestan un claro diagnóstico de psicosis, y que
están en su primer episodio, se abordan con un tratamiento
combinado de psicofármacos, terapias psicológicas
encaminadas al ajuste a la psicosis (COPE) y al tratamiento
de los síntomas positivos (STOPP), psicoeducación
y terapia familiar. En los tres casos se prioriza el tratamiento
ambulatorio desde la unidad de salud mental, incluyendo atención
domiciliaria si se precisa, con el fin de mantener los cuidados
en la comunidad y evitar cualquier corte traumático en
el desempeño psicosocial del paciente.
Resultados
preliminares
En
el primer año de nuestro trabajo hemos recogido unos
primeros datos, que si bien son meramente descriptivos, nos
pueden orientar de los efectos de esta modalidad de intervención
temprana en psicosis en nuestro entorno sanitario real.
Características
generales de la muestra
A
lo largo del primer año, accedieron al programa un total
de 30 pacientes procedentes de todo el área de salud..
Once pacientes procedían del grupo experimental (36%)
y 2 del grupo control (6,6%), el resto se distribuía
entre los restantes 7 centros de salud (37,3%) y presentaba
una gran dispersión en las derivaciones. Dados los resultados,
se formaron dos grupos para el análisis; el experimental
y el resto de los centros se reunió en otro grupo control.
La edad media era de 21,7 años para el grupo experimental
y de 20,4 para el control. El grupo experimental tenia un 80%
de mujeres y un 20% de hombres, mientras que el control tenia
un 56,6 % de mujeres y un 43,4 de hombres. La duración
de la enfermedad sin tratar (aquí se refiere al inicio
de los primeros síntomas de malestar clínico antes
de entrar en el programa como pacientes de estado mental de
alto riesgo o como primer episodio) fue de 27 meses para el
grupo experimental y de 31 para el control. La duración
de la psicosis sin tratar fue de 2 semanas para el grupo experimental
y de 12 semanas para el grupo control. Y por último,
el grupo experimental tenia un 30 % de pacientes con antecentes
de consumo de drogas frente a un 16% por parte del grupo control.
Clasificación
diagnóstica de las derivaciones
En
cuanto al tipo de pacientes enviados al programa, el grupo experimental
derivó un 54,5 % de pacientes que cumplían criterios
para la inclusión dentro de la clasificación de
estado mental de alto riesgo, un 9% de trastornos de personalidad,
un 18% de trastornos paranoides, un 9% de trastornos esquizofrénicos
y un 9% de trastornos depresivos. Por su parte, el grupo control
derivó un 40% de pacientes calificados de estados mentales
de alto riesgo, un 25 % de esquizofrenias, un 8% de trastornos
esquizofreniformes, un 8 % de trastornos delirantes, un 12 %
de trastornos depresivos y un 4% de trastornos de personalidad.
Transición
a la psicosis
Tras
el primer año de programa, dos de los pacientes del grupo
de alto riesgo, el 12 %, han desarrollado un episodio psicótico.
En ambos casos, se trata de pacientes con una elevada presencia
de síntomas psicóticos atenuados en el momento
de entrar en el programa, con una marcada reducción de
su funcionamiento psicosocial, con más de dos años
y medió de duración de enfermedad sin tratar y
que han producido el tránsito dentro de los seis primeros
meses del programa, a pesar de estar recibiendo tratamiento
farmacológico y psicoterapéutico.
Discusión
Los
primeros datos obtenidos en nuestro servicio parecen avalar
la viabilidad de aplicar estos procedimientos en entornos asistenciales
públicos de nuestra red sanitaria. Parece que los primeros
años de la enfermedad (tratada o no tratada) suponen
una ocasión extraordinaria para poder impedir o limitar
el potencial decline habitual de las psicosis interviniendo
tempranamente y conseguir así una mejor recuperación
de la enfermedad. De un lado, comprobamos que la aplicación
de estos procedimientos obtiene unos mínimos periodos
de enfermedad sin tratamiento y posibilita el inicio del tratamiento
en los primeros momentos de la psicosis o incluso en sus fases
presicóticas. Mas específicamente, la reducción
del periodo de psicosis sin tratar, que depende más de
un adecuado reconocimiento por los médicos de primaria
se ha conseguido, Pero el periodo de la enfermedad sin tratar,
que incluye toda la fase prodrómica y que depende fundamentalmente
del propio paciente como primer sensor de problemas y como solicitador
de la posterior ayuda o tratamiento, nos sigue pareciendo demasiado
alta. Esto plantea la necesidad de medidas más allá
de los centros de salud, pero aún no disponemos de suficiente
evidencia terapéutica para iniciar actuaciones de corte
más social o comunitario, aun necesitamos acumular más
experiencia y conocimiento. Por otra parte, observamos cómo
la aplicación de esta modalidad de intervención
temprana en los centros de atención primaria obtiene
un muy buen filtrado de pacientes y una optima calidad de las
derivaciones, sin colapsar los servicios con derivaciones indebidas,
optimizando además las capacidades diagnosticas de los
médicos. Esto la presenta como una excelente estrategia
tanto para la prevención primaria como para la coordinación
entre los distintos niveles de asistencia que configuran nuestros
sistemas sanitarios. Por último, hemos visto cómo
nuestras tasas de transición a la psicosis en estos pacientes
de alto riesgo son homologables a las obtenidas con el mismo
procedimiento por el grupo de trabajo australiano (Yung et al.
2002) y superiores a otras modalidades de intervención
que, en unas ocasiones aplicaron como formas de intervención
solamente formatos psicoterapéuticos de apoyo y en otras
una combinación de fármacos antidepresivos y psicoterapia
de apoyo (Larsen et al. 2001). En este apartado se plantea una
cuestión crucial. Si el paciente es captado en las primeras
fases de la enfermedad (momento prodrómico de alto riesgo
previo al surgimiento de la psicosis) y se trata de manera combinada
con neurolépticos atípicos a dosis bajas y psicoterapia
cognitivo conductual ¿por qué aún así
acaba desembocando en una psicosis? ¿No son tan eficaces
como pensábamos los tratamientos de los que disponemos
en estos momentos? ¿Quizás estos tratamientos
se están aplicando de una manera inadecuada, ya sea por
una dosis incorrecta en el caso de los neurolépticos
o por una excesiva fragilidad de los procedimientos psicológicos?
¿O es que, y aunque clínicamente si es distinguible
una etapa anterior a la psicosis con sintomatología distinta
y de menor intensidad psicopatológica, en lo que refiere
a sus consecuencias ya son indistinguibles de las propias de
un primer episodio psicótico, y este momento prodrómico
ya es también tardío? Como sugieren Cornblatt,
Lencz & Obuchowski (2002), quizás estamos ante distintos
perfiles de pródromos que, a su vez, ya configuran distintos
tipos de enfermedad y que incluso en sus primeros momentos ya
precisan de tratamientos diferenciados y adaptados a cada patrón
sintomático y a cada momento anterior a la psicosis.
Con
todo, y siendo conscientes de que aún estamos al inicio
del inicio en este campo, los primeros momentos de la psicosis
se presentan como la mejor etapa para una óptima intervención
biopsicosocial como la que aquí hemos presentado. Proponemos
además, que los centros de salud mental, por su composición
interdisciplinar, su agilidad funcional, su conexión
con los centros de atención primaria de salud y por ser
la puerta de entrada al servicio asistencial especializado,
pueden ser el lugar idóneo para el desarrollo de estas
nuevas modalidades de intervención, facilitando, además,
la continuidad de cuidados a lo largo de todos los dispositivos
asistenciales o comunitarios que fuese utilizando el paciente,
puesto que se proporciona un tránsito guiado y no traumático
entre estos, y permite aplicar una lógica asistencial
y terapéutica armónica a lo largo de toda esa
ruta.
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