Resumen
Los
recientes desarrollos clínicos para la intervención
temprana en psicosis proponen desarrollar estrategias de detección
y tratamiento de esta patología en sus primeros estadios.
En este trabajo, se presenta la aplicación de un formato
terapéutico dirigido a estos fines desde una unidad de
salud mental del sistema público de salud. A la luz de
los primeros datos obtenidos, se sugiere que esta puede ser
una nueva y efectiva manera de organizar tanto las intervenciones
terapéuticas como la asistencia a la psicosis desde las
unidades de salud mental.
Abstract
Current
clinical methods for early intervention in psychoses suggest
the development of strategies for the detection and treatment
of this pathology in its early phases. Accordingly, in this
paper it is presented the application of a therapy method for
this purpose in a public health system. From the first gathered
data, it is proposed as a new and effective way to organise
either therapy interventions or psychosis attendance in mental
health units.
El inicio del tratamiento en las psicosis, como bien conocemos,
no suele coincidir con el inicio de la enfermedad. De hecho,
lo mas normal es que entre estos dos momentos medie un periodo
de varios años de duración. Este retraso suele
traer como consecuencia una recuperación posterior más
lenta e incompleta de la psicosis, un aumento de la comorbilidad
(especialmente depresión, consumo de tóxicos,
suicidio, etc), un deterioro de las relaciones sociales y familiares
y un peor pronóstico. Algunos autores van aún
más lejos, y llegan a afirmar que las limitaciones en
la efectividad de las actuales modalidades de tratamiento psicosocial
e incluso la misma cronicidad de la psicosis, son el resultado
lógico del fallo en la aplicación de estas intervenciones
a los momentos iniciales de la enfermedad (Johannenssen et al.
2000). Esta demora en el tratamiento abarca dos momentos; el
que va desde el inicio de los primeros síntomas de enfermedad
hasta el inicio de la psicosis se conoce como el periodo de
duración de la enfermedad sin tratar y el que va desde
el inicio de la psicosis ya manifiesta hasta el comienzo del
tratamiento se denomina periodo de duración de la psicosis
sin tratar (McGlashan. 1999). La actuación de la enfermedad
en estas fases, y la demora en su tratamiento, facilitaría
la ocurrencia de una serie de circunstancias vitales como: fracasos
escolares y laborales, autoagresiones, angustias familiares,
consumo de drogas, conductas delictivas, etc. que producirían
un modo de "toxicidad psicológica" cuyos efectos
limitarían el posterior nivel de recuperación
de la enfermedad aunque se dispusiese de un tratamiento eficaz
y aplicado a tiempo tras la aparición de un primer episodio
(McGorry, Yung & Phillips, 2001).
Detectar
el trastorno con la mayor rapidez posible, para posteriormente
instaurar el adecuado tratamiento, se hace una necesidad evidente.
Para ello se necesitaría disponer de marcadores claros
y específicos que puedan servirnos con certeza como indicadores
de la presencia o no de una psicosis incipiente. Häfner
et al. (1999) muestran que la mayoría de los primeros
episodios; un 73% de los casos, se inician con síntomas
prodrómicos inespecíficos o con síntomas
negativos, el 20% lo hacen con síntomas positivos, negativos
e inespecíficos, y un 7% se inicia con síntomas
positivos únicamente. Además, observaron que la
mayoría presentaba una forma de inicio crónica,
con una fase prodrómica de cinco años de duración,
con un tramo ya claramente psicótico de más de
una año de evolución antes de la primera admisión,
y con una primera admisión tras unos dos meses de presentar
el primer episodio completo. Tratar de obtener esos marcadores
claros y específicos que puedan servirnos con certeza
como indicadores de la presencia o no de una psicosis incipiente
es el principal propósito de los principales grupos científicos
internacionales en estos momentos. Para este fin, y siguiendo
a Yung & McGorry (1996) adoptamos el concepto de "estado
mental de alto riesgo". Desde esta perspectiva, el pródromo
inicial en psicosis pasa de ser visto como la forma prepsicótica
mas temprana de un trastorno psicótico, es decir, una
forma atenuada de psicosis, a otra según la cual, conforma
un factor de riesgo para su desarrollo, especialmente si se
combina con otros factores de riesgo propios del trastorno (Ej.,
antecedentes familiares) pero donde las manifestaciones prodrómicas
no conducen necesariamente a la psicosis y que incluye una combinación
de síntomas psicóticos atenuados, tales como suspicacia
o cambios perceptivos; síntomas inespecíficos
afectivos y neuróticos, como ansiedad, humor deprimido
y alteraciones del sueño; cambios conductuales, que habitualmente
son respuestas a otros fenómenos e incluyen aislamiento
y abandono de actividades habituales y síntomas básicos;
la percepción fenomenológica de los déficit
neuropsicológicos que produciría la psicosis y
entre los que destacan los trastornos de pensamiento y perceptivos.
Birchwood, Todd & Jackson (1998) sostienen la existencia
de un "periodo crítico" que abarcaría
estos primeros momentos de la enfermedad y que parece ser el
momento en el que se forman aspectos fundamentales para el posterior
curso de la enfermedad. De entre estos, se destacan el modelo
de respuesta individual a la psicosis que facilita o dificulta
su posterior ajuste y adaptación, procesos evolutivos
que pueden tener implicaciones para la prevención de
morbilidad secundaria como la depresión o el suicidio
y los orígenes y metamorfosis de los componentes de la
emoción expresada de los familiares (especialmente sobreimplicación
y criticismo).
Ante
esta panorámica, quienes abogan por el desarrollo de
modalidades de intervención precoces, promueven la idea
de que una adecuada atención en las fases iniciales de
la enfermedad puede mejorar los resultados de la misma, disminuyendo
su discapacidad y reduciendo los costes de su atención.
Para ello se proponen dos estrategias básicas: reducir
el periodo que suele pasar la enfermedad sin recibir tratamiento
y un combinado y amplio tratamiento ajustado a las especificas
características de las fases iniciales de la enfermedad
(McGorry & Edwards, 1997).
Para
llevar a cabo estos propósitos, en la última década
han ido surgiendo una serie de servicios clínicos y de
grupos de investigación que están generando una
importante cantidad de investigaciones y de materiales clínicos
para la intervención. De entre estos, los que en nuestra
opinión presentan aportaciones más sólidas
y aplicables a nuestro medio y de los cuales hemos tomado y
adaptado nuestro protocolo de intervención son los siguientes:
El Centro de Prevención e Intervención en Psicosis
Temprana (EPPIC) en Australia (McGorry & Edwards.1997),
el Proyecto para la Identificación y Tratamiento Temprano
de la Psicosis (TIPS) en Noruega y Dinamarca (Johannenssen,
Larsen, McGlashan & Vaglum. 2000) y el Servicio de Intervención
Temprana de Birminghan y la Iniciativa para la Reducción
del Impacto de la Esquizofrenia (IRIS) en Gran Bretaña
(Macmillan & Shiers. 2000). El trabajo que presentamos aquí,
se adhiere a estas indicaciones y presenta los primeros resultados
que se han obtenido en nuestro servicio tras la implantación
de esta nueva manera de tratar la psicosis.
Método
En
este estudio intentamos observar los efectos de un programa
de intervención temprana en psicosis. Para ello comparamos
dos centros de atención primaria de dos zonas básicas
de salud diferentes. En el centro que denominamos experimental
se aplica el programa de ITP para centros de atención
primaria, y en el control ningún tipo de intervención.
Posteriormente, los pacientes derivados desde ambos centros,
una vez acceden al programa, reciben el mismo tipo de tratamiento.
El objetivo del estudio es doble; por un lado se trata de observar
si este tipo de actuaciones mejora la captación y la
derivación desde los centros de atención primaria,
reduciendo de este modo el tiempo que pasa la enfermedad sin
recibir tratamiento. Por otro lado, comprobar si la intervención
en esas fases iniciales de la enfermedad con el programa de
tratamiento expuesto aquí tiene algún tipo de
incidencia en el transito a la psicosis y en el curso posterior
de esta.
Sujetos
Los pacientes incluidos en este estudio, son usuarios de la
unidad de salud mental del área sanitaria de Torrelavega-Reinosa
(Cantabria). Los criterios de selección de la muestra
han sido tener una edad comprendida entre 16 y 30 años,
no haber tenido un episodio psicótico previo de más
de una semana de duración, no presentar una clara etiología
orgánica como causa de su clínica actual y pertener
a uno de tres grupos de riesgo propuestos por Yung et al. (1998):
Grupo de síntomas psicóticos atenuados. Caracterizado
por la presencia de al menos unos de los síntomas siguientes:
ideas de referencia, creencias extrañas o pensamiento
mágico, trastornos perceptivos, pensamiento y habla extraña,
ideación paranoide, conducta o apariencia extraña.
Los síntomas deberán tener una desviación
de 2-3 puntos en las escalas de contenido inusual del pensamiento
o de suspicacia de la BPRS o de 1-2 puntos en el caso de la
escala de alucinaciones y deberán tener una ocurrencia
de varias veces por semana, siendo el cambio en el estado mental
de una semana por lo mínimo. Grupo de síntomas
psicóticos breves e intermitentes. Estos síntomas
se resolverán espontáneamente dentro de una semana
e incluyen al menos uno de estos síntomas; delirios,
con una puntuación 4 o más en la escala de contenido
inusual de pensamiento o de suspicacia de la BPRS, y alucinaciones,
con puntuaciones superiores a tres en la escala de la BPRS.
En nuestro estudio utilizamos las puntuaciones que en la PANSS
equivaldrían a estas de la BPRS.
Grupo mixto de factores de riesgo estado-rasgo. Incluye la combinación
de estados mentales de alto riesgo caracterizados por síntomas
neuróticos inespecíficos (ansiedad, depresión),
pero de suficiente severidad y duración para indicar
un marcado deterioro con algún familiar de primer grado
con historia de alteraciones psicóticas o de personalidad
esquizotípica. Este grupo debería presentar cambios
estables en el estado mental o en su funcionamiento con una
reducción de 30 puntos o más en la escala de funcionamiento
global durante al menos un mes.
Evaluación
La
evaluación se lleva a cabo en dos formatos diferenciados:
evaluación de estados mentales de alto riesgo (EMAR)
y evaluación de primeros episodios psicóticos.
Para los pacientes del grupo de riesgo se aplican las siguientes
pruebas:
Escala
de los Síndromes Positivo y Negativo (PANSS) de Kay, Opler
& Fiszbein. (1986) en su versión española de
Cuesta y Peralta. Esta escala, en formato de entrevista estructurada,
permite una evaluación global de la sintomatología
positiva y negativa, así como de 16 escalas de psicopatología
general. En la actualidad, esta escala se aplica solamente en
primeros episodios, habiendo sido sustituida por la SOPS; Escala
para la evaluación de síndromes prodrómicos
en la evaluación de estados mentales de riesgo (McGlashan
et al. 2001).
Inventario
Psicopatológico de Frankfurt (FBF-3) (Süllwold &
Huber, 1986), en versión española de Jimeno, Jimeno
y Vargas (1996). Se trata de un cuestionario autoaplicado para
la evaluación de los síntomas básicos,
en el que el paciente valora la presencia de quejas subjetivas
en 10 escalas clínicas (pérdida de control, percepción
simple, percepción compleja, lenguaje, cognición
y pensamiento, memoria, motricidad, pérdida de automatismos,
anhedonia, y angustia e irritabilidad por sobreestimulación)
Escala de Señales Tempranas (ESS) (Birchwood. M. et al.
1989), escala autoaplicada para la detección de señales
tempranas de psicosis a través de cuatro escalas generales
(ansiedad, negativismo, desinhibición y psicosis incipiente).
Cuestionario Familiar (FQ) de Barrowclough y Tarrier (1992):
Se trata una lista de 59 problemas centrados en el paciente,
con una categoría abierta de "otros" para poder
incluir dificultades idiosincrásicas. El familiar indica
en tres escalas tipo Likert, con un intervalo de cinco puntos,
la frecuencia con la que ocurren las conductas, la cantidad
de malestar que causan tales comportamientos y en qué
medida se sienten de capaces para enfrentarse con tales dificultades.
Escala
de Funcionamiento Social (S.F.S.) Birchwood & Cochrane (1990).
Evalúa aquellas áreas de funcionamiento que son
cruciales para el mantenimiento en la comunidad de personas
con esquizofrenia. Las siete áreas que explora son: Aislamiento/
implicación social, conducta interpersonal, actividades
pro sociales, ocio, independencia / competencia, Independencia
/ desempeño y empleo / ocupación.
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