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2.
ALTERACIONES ESQUIZOIDES
FAIRBAIRN
(FAIRBAIRN WRD, 1972), en su concepto de la "patología"
psíquica, establece que las "alteraciones esquizoides"
de la personalidad son la raíz básica de todo
desarrollo humano. A partir de las mismas, y en la medida en
que se produce una evolución satisfactoria, el sujeto
va a establecer una relación significativa de reconocimiento
y dependencia del objeto "externo" como tal, va a
pasar de lo que FAIRBAIRN llama la "dependencia oral temprana"
a la "dependencia adulta", y va a ser capaz de elaborar
una relación "anaclítica" de objeto
a partir de la relación narcisística de base.
Es importante plantearse cual es el proceso de elaboración
de las "condiciones esquizoides" de la personalidad,
y cuales son las condiciones que pueden hacer tomar a las mismas
una evolución negativa, más bien habría
que decir, una no evolución, impidiendo la organización
de la dependencia oral. La no evolución de las "condiciones
esquizoides" de la personalidad o la regresión /
reactivación de las mismas, da lugar a que permanezcan
bajo cualquier tipo de "patología" psíquica
o psicosomática, con la consiguiente repercusión
en la dinámica de las mismas. Como ya señalamos
en otro lugar - MERÉ (MERÉ G, 1994) -, la no evolución
de las "alteraciones esquizoides" de la personalidad
se configura conforme a las siguientes premisas y estructuraciones
defensivas:
El sujeto no es reconocido por la imagen maternizante conforme
a sus necesidades originales, sino "usado" para compensar
su estructura narcisista a través de las consiguientes
inducciones. Es "cosificado".
Experiencias de "defecto" por la privación
de la significación propia de sus representaciones, con
la consiguiente incapacidad de construirse como sujeto.
Miedo a ser separado y aislado, ignorado, como consecuencia
de la vivencia desvalorizada de sí, movilizándose
la correspondiente angustia de separación, con el reforzamiento
de la experiencia de "desvalimiento".
"Internalización de la relación", como
forma de defensa frente a la angustia de separación,
con la consiguiente reactivación de las formas primarias
de identificación.
Renegación del objeto externo como tal, y vivencia del
mismo como parte de sí.
Bloqueo de la evolución de las "alteraciones esquizoides"
de la personalidad, con la consiguiente sobrevaloración
del mundo "interno", vivencias de omnipotencia, disposición
al aislamiento y al despego.
Cuando se produce una persistencia de las "alteraciones
esquizoides" de la personalidad, el paciente, abrumado
por la angustia de separación, tiende a "internalizar"
sus relaciones de objeto, dificultando la evolución de
las mismas. Las transferencias narcisísticas descritas
por KOHUT (KOHUT H, 1977), son la expresión de la necesidad
del paciente de lograr una vivencia de unidad con el terapeuta,
y de posesión del mismo, de modo que le permita organizar
una moción de identidad, aunque sea "patológica"
e inducida.
Quizás se puede pensar que en las condiciones de evolución
de las "tendencias esquizoides" de la personalidad,
hacemos demasiado énfasis en el temor a la pérdida.
En efecto, estamos plenamente de acuerdo con RESNIK (RESNIK
S, 1988), cuando recogiendo trabajos de GRIESINGER, señala
que la experiencia depresiva es el punto de partida de toda
enfermedad mental. Tal experiencia, es considerada por GRIESINGER
como el origen de la "depresión básica",
a la cual el autor la denomina: "psicosis única",
considerándola como un duelo no elaborado, al carecer
el sujeto del medio de "contención adecuado".
También RACAMIER, en una de sus últimas obras:
"La génesis de los orígenes, psicoanálisis
y psicosis", plantea que el duelo es el origen del aparato
psíquico y que la "patología grave"
deriva de una cierta forma de duelo consecuente con la perversión
narcisística.
Llegados a este punto, tenemos que reflexionar en qué
medida el sujeto va a poder hacer el proceso de separación
y de reconocimiento de los límites con un "otro",
si ello le conlleva tal angustia de "indefensión".
Podemos considerar la identificación primaria como un
primer vínculo del sujeto con sus semejantes, y como
el punto de partida de su propia noción de "ser".
Pero a partir de ahí, la experiencia de "intersubjetividad"
tiene que tomar cuerpo para que se constituya la propia identidad,
apareciendo primero en el "otro" y revelándose
al mismo tiempo como la propia existencia. Como señala
GARCÍA BADARACCO(10), "...el sujeto se descubre
identificándose y más tarde se reencuentra a través
de esas mismas identificaciones", pero la cuestión
en juego es: en qué medida tal diferenciación
es posible, si las identificaciones primarias están excesivamente
presentes como medio de mantener una vivencia de unidad.
3.
INTERNALIZACIONES Y EXTERNALIZACIONES
Es
necesario plantearse cómo se manifiesta en la clínica
la permanencia en este nivel de "internalización",
que bloquea el reconocimiento del objeto "externo"
como tal, y su necesidad del mismo. FAIRBAIRN ha descrito como
rasgos específicos de la persistencia de las "alteraciones
esquizoides" de la personalidad: una actitud de omnipotencia,
una disposición al aislamiento y el despego, y una preocupación
preferente hacia la realidad "interna", con la consiguiente
devaluación del mundo "externo". Si tratamos
de entender la función dinámica de estos específicos
mecanismos de defensa, diremos que la actitud de omnipotencia
corresponde al manejo sistemático por parte del sujeto
de defensas narcisísticas (devaluación sistemática
del mundo "exterior", fantasías de posesión
incondicional, renegación, actitudes hipomaníacas
con negación de los propios límites y fantasías
de poder, a todos los niveles). La disposición al aislamiento
y al despego corresponde a la evitación de todo estímulo
"externo", en la medida en que se puede movilizar
su propia vivencia de necesidad y la tentación de la
dependencia del mismo. El pensamiento "evacuatorio",
sobre el que deseamos reflexionar, es el instrumento básico
para mantener dicha actitud defensiva. El reconocimiento de
la carencia va a cuestionar al sujeto toda su actitud de omnipotencia.
La actitud de preocupación preferente hacia el mundo
"interno" es la consecuencia lógica del intento
de mantener la señalada postura narcisística.
Utilizando términos de MICHAEL BALINT, el sujeto se defiende
de todo proceso de estimulación perceptiva y de movilización,
mediante las defensas de "externalización",
que le permiten renegar de su propia "necesidad".
Podemos agrupar las defensas de "externalización"
descritas por BALINT, en tres grupos. En primer lugar, las defensas
orientadas a "externalizar" toda vivencia que cuestione
lasa propias fantasías de omnipotencia del sujeto. La
proyección y la identificación proyectiva sobre
la base de una escisión previa, serían los mecanismos
preferentes. El segundo grupo de defensas es el "extrañamiento"
de las reacciones emocionales promovidas por los estímulos
"externos", experimentándolas como cuerpos
extraños u "orbitales", conforme a la concepción
de WISDON, para mantener su núcleo central ajeno a los
mismos, pero con la consiguiente sintomatología clínica:
pérdida de la noción de lo "familiar",
extrañamiento del mundo "externo" e "interno",
experiencias de despersonalización, bloqueo afectivo
y vivencias de confusión y de embotamiento sensitivo
y por último, el uso de personalidades "inauténticas",
mediante las cuales el sujeto recibe los estímulos "externos"
mediante partes no significativas de "sí mismo".
El concepto de "pensamiento evacuatorio" viene a ser
la expresión global de estos mecanismos de "externalización"
y el "extrañamiento en el "sí mismo"
o en el mundo "externo" de las vivencias de "necesidad"
y de carencia. Evidentemente, viene a representar la incapacidad
yoica de tolerar las experiencias de separación que supone
el reconocimiento de algo significativo, no propio. La vinculación
del sujeto se produce entonces con un objeto "cosificado",
desinvestido de sus partes positivas que son negadas, y que
el espacio en el cual se depositan, se "evacuan" los
aspectos dañados y destruidos del sujeto. Los fenómenos
de escisión y de "externalización" son
los instrumentos mediante los cuales el sujeto ignora las partes
de sí que le resultan conflictivas y consecuentemente,
hace ajenas las partes de su Self representativas de las mismas.
Como señala BROMBERG, "...el analista tiene que
negociar constantemente con una multiplicidad de representaciones
del Self, con diferentes voces, aunque la voz doliente sea la
más importante". No es necesario enfatizar el papel
que juega la envidia en esta forma de relación, que posibilita
al sujeto la negación de sus carencias.
Por otra parte, el objeto "externo" o determinadas
partes de "sí", se hacen necesarias como instrumento
para la organización de la relación perversa a
la que hacemos referencia y que permite la estabilidad de las
defensas narcisísticas del sujeto. En tales condiciones,
no podemos hablar de una postura de aislamiento y de despego,
de autismo, tomando el término en un sentido amplio,
puesto que el "otro externo" o las correspondientes
partes de "sí" no están ausentes, sino
controladas y manejadas conforme a la forma perversa de relación,
y en este sentido, necesitadas
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