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Psicoanalista
brillante e infatigable que, a lo largo de la reciente historia
del Psicoanálisis español, mantuvo una actitud
independiente y respetuosa con las distintas tendencias. Animador
de varias experiencias de formación, en los últimos
años facilitó la sensibilización en la
psicoterapia analítica de un grupo de profesionales relacionados
con el Departamento de Psiquiatría de la Universidad
de Murcia.
Resumen
El autor resume su concepción del proceso psicoanalítico,
basada principalmente en autores de la escuela inglesa. Revisa
también el concepto de FAIRBAIRN de "alteraciones
esquizoides" y la visión que ese autor y MICHAEL
BALINT poseen de los mecanismos de internalización y
de externalización.
Pasa revista a las concepciones de BION y de ROSENFELD sobre
la "evacuación" de una forma violenta de un
estado psíquico penoso que se da con especial intensidad
en la patología psíquica "grave". Para
el autor la "contención" del analista en esos
casos va mucho más allá de lo establecido por
MELANIE KLEIN, al considerar el objeto "externo" como
el punto de partida de un proceso circular que devuelve las
identificaciones proyectivas recibidas en forma de reintroyecciones
"reparadoras". La presencia y la "contención"
por parte del objeto "externo" es la vía por
la cual el sujeto puede concebir una esperanza de "bondad"
en su mundo "interno", pero a la par, es también
la experiencia a través de la cual el sujeto puede elaborar
sus fantasías de omnipotencia y renunciar a sus defensas
narcisísticas, que se tornan innecesarias en la medida
en que cesa la amenaza de separación.
Summary
The
author summarizes his conception of the psychoanalytical process,
which is based mainly on authors of the English school. Likewise,
he revises Fairbairn's concept of "squizoid alterations",
and the way this author and Michael Balint view internalization
and externalization mechanisms.
The author then reviews Bion's and Rosenfeld's conceptions of
the violent form of "evacuation" of a distressing
mental state, which arises particularly intensely in "severe"
psychical pathology. For the author, in these cases the "contention"
of the analyst goes further than what Melanie Klein established
when she considered the "external" object as the starting
point of a circular process that sends back projective identifications
received, in the form of "repairing" reintrojections.
The presence and "contention" by the "external"
object is the way the subject can conceive the hope of "goodness"
in his "internal" world, but at the same time it is
also the experience whereby the subject can work out his fantasies
of omnipotence and give up his narcissistic defenses, which
become unnecessary in such as the threat of separation disappears.
1.
EL PROCESO PSICOANALÍTICO
Clásicamente, se ha venido entendiendo el proceso psicoanalítico
como el esclarecimiento de las vivencias "internas"
del sujeto y la toma de conciencia de cómo sus experiencias
iniciales, infantiles, condicionan sus comportamientos actuales,
haciéndolos inadecuados y anacrónicos. Con este
planteamiento el análisis es concebido como un trabajo
de resignificación del mundo "interno", considerando
el "insight", promovido por la interpretación,
como el instrumento esencial en el proceso de cambio.
En las últimas décadas, la concepción del
proceso psicoanalítico ha variado sustancialmente, tendiendo
a considerarse que el cambio que en el mismo tiene lugar, depende
de "algo más" que del puro trabajo revelador
de la interpretación, y que la relación intersubjetiva
que tiene lugar en la situación analítica, juega
un papel fundamental en el curso del proceso. Con independencia
de que sea adecuada, el paciente tiene que aceptar la interpretación
y hacerla suya, y no solamente recibirla como una clarificación
venida de fuera.
Como señala BALINT(BALINT M, 1979), "...cuando los
analistas informan sobre cómo sus interpretaciones han
desvelado en sus pacientes muy claramente determinadas implicaciones
de su enfermedad, y al comparar los resultados "reales"
de las mismas con los que pretendían alcanzar, ocurre
sorprendentemente con frecuencia, que aquéllas fueron
claras solamente para el terapeuta pero no para el paciente,
para el que no tenía ningún sentido."
Sea cual fuere ese "algo más" que debe de estar
presente en la "cura" para que la interpretación
sea experimentada como propia, fue motivo de estudio y de reflexión
en los últimos tiempos. DANIEL N. STERN, junto a un grupo
de analistas de Boston participantes en el "Grupo de Estudio
sobre el Proceso de Cambio en el Tratamiento Analítico",
publicó en el International Journal of Psychoanalysis
del año 1999, un artículo bajo el título:
"Los mecanismos no interpretativos en la terapia analítica,
el "algo más" que la interpretación",
que establecía que en el proceso de la "cura"
existen dos tipos de fenómenos mutativos: la interpretación
y los "momentos de encuentro", en los que tratan de
significar momentos especiales de conexión auténtica,
de persona a persona con el analista, y a los que asignan una
función básica en el proceso. Estos momentos de
"conocimiento implícito relacional", corresponden
a momentos de comunidad de experiencia, de relación empática
recíproca, que permiten al enfermo sentirse acompañado
y comprendido, y que en la misma proporción posibilitan
el cese de sus actividades defensivas y hacerse más receptivo
a las aclaraciones sobre su mundo "interno". Son momentos
de coincidencia de experiencia, de hermandad, de vivencia común
que hacen sentirse al paciente "persona" y no "cosa"
para un "otro", y desde esa vivencia, reflejarse en
él como tal. Como señala BROMBERG (BROMBERG P.
1994) "...cualquier análisis exitoso es un proceso
dialéctico entre ver y ser visto, más que el simple
proceso de ser visto "por dentro".
En las fases iniciales del desarrollo, en las que no existe
aún una representación válida del "sí
mismo" como objeto separado y diferenciado, el Yo del sujeto
se constituye en cuanto polo de la relación desde su
asunción como objeto del "otro", y desde su
reconocimiento "en" ese "otro" puede constituir
su propia representación de sí. Uno "es"
en la mente del "otro", y a través de la imagen
de ese "otro" nos transmite. Como señala ABADI
(ABADI M, 1984), "...la noción de un Yo como algo
singular e intransferible, se constituye a partir de un malentendido
radical, entre ser objeto para un "otro" y ser sujeto
en busca de un "otro". Para "ser", es necesaria
una confrontación venida de fuera, alienarse sintiéndose
obligado a "ser", necesidad de ser el objeto que ese
"otro" demanda para su estabilidad. De hecho, va a
ser la necesidad del "otro" y la inducción
que hace sobre el sujeto y la representación que le transmite,
lo que va a crear el carácter "normal" o "patológico"
de la experiencia de relación, y consecuentemente, la
imagen que el sujeto se va a hacer de "sí mismo".
Este proceso de "mixtificación" o de alineación
en un "otro", por utilizar el término de FROMM
(FROMM E, 1959), presupone una no relación a nivel vivencial.
El sujeto se vive como un objeto-cosa al servicio de las necesidades
"patológicas" del "otro", y por tanto,
sin una sensación de reconocimiento y de aceptación
en "sí mismo". "Es" y "existe"
en la medida en que se identifica con las inducciones que ha
recibido, pero sin una específica noción de "ser"
en sí.
FRITZ RIEMANN señala que para el mundo de los sentimientos
se constituya a partir del primitivo mundo sensorial y se establezca
la dependencia oral, se necesita la identificación con
la figura maternizante y sentir ese objeto "dentro"
de sí, como garante y organizador de tales vivencias
y como figura de contención que le puede sosegar. La
capacidad de "rêverie" de dicha figura, va a
venir condicionada por su propia posibilidad de conexión
empática y de identificación con los temores y
angustias del paciente, sin perturbarse a su vez. Si la figura
maternizante no tiene esta disponibilidad, reaccionará
con ese distanciamiento al que hace referencia BION o magnificando
incluso las vivencias caóticas y amenazantes al proyectar
las propias. Sería el "pánico sin nombre",
como expresión del máximo fracaso en la capacidad
de "rêverie".
FRTZ RIEMANN establece "...que todo lo emocional, la vivencia
sentimental y más aún, todos los lazos y vínculos,
requieren para afirmarse de un compañero, de tiempo y
de continuidad. El niño necesita duración, estabilidad
y retorno puntual del ser al que se liga emocionalmente para
organizar la dependencia oral,..." pero antes de ligarse
de este modo, vive en un mundo en el que no dominan los sentimientos
sino las impresiones sensoriales", un mundo "esquizoide",
conforme al cual el sujeto no puede establecer la dependencia
del objeto y reconocer su necesidad del mismo. No puede confiar.
En su estudio sobre la "falta básica", como
expresión de una elaboración deficitaria del "amor
primario", BALINT ha descrito dos modalidades de experiencia,
básicamente opuestas e íntimamente relacionadas
con nuestro tema: la estructura "ocnofílica"
y la estructura "filobática". En el mundo "ocnofílico",
la catexia primaria parece adherirse a los objetos emergentes,
aunque con un alto nivel de angustia por la amenaza de pérdida,
en tanto que los espacios que hay entre los mismos se experimentan
como amenazadores.. Existe una relación significativa
con el objeto, pero que es "internalizado" como forma
de control por el temor a la pérdida. En el mundo "filobático"
los espacios sin objetos son los que sirven de depositarios
de las catexias originales, y son vivenciados como seguros y
fiables, mientras que los objetos se experimentan como peligrosos
y temibles, a no ser que sean "cosificados".
Si consideramos los planteamientos de RIEMANN sobre la transición
entre el mundo sensorial y la dependencia oral, podemos pensar
que el mundo "filobático" descrito por BALINT
corresponde a la no evolución, o a una evolución
deficiente de dicho mundo sensorial, persistiendo tal tipo de
impresiones como vivencias predominantes del sujeto, y del mismo
modo, la experiencia "ocnofílica" la entenderíamos
como los primeros tanteos para con un objeto vivo y significativo
emocionalmente, pero establecido con tanto temor a la pérdida,
que tiende a internalizarlo. La experiencia "esquizoide"
sería el puente de unión entre estos dos mundos
vivenciales.
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