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Aportaciones
del gmf al proceso terapéutico ( dinámicas y contenidos)
¿Qué
pretendemos con los GMF? Llegamos a los GMF después del
trabajo individual, grupal y con familias. Poco a poco vamos
viendo que estos tratamientos no son suficientes para ir desbloqueando
situaciones en las que las familias se encuentran. Hablamos
de las familias no de los individuos, porque en familias en
las que hay un alto potencial patológico, los individuos
están muy desdibujados, casi no existen. Lo que existe
en este tipo de familias es un mundo interno que vincula a cada
uno de sus miembros, atrapándolos e impidiendo su diferenciación
y su autonomía.
Este mundo interno es un mundo muy complejo, pero que en un
esfuerzo de síntesis estaría determinado por:
1º historias heredadas, que han influido a la familia ampliada
como si fuesen legados histórico-emocionales que la familia"tiene
que asumir".
2º historias influidas, provenientes de la familia ampliada.
Es decir, de las propias dinámicas internas de la familia
ampliada.
3º historias vividas por la propia familia en su día
a día.
A estos tres componentes del mundo interno habría que
añadir las personalidades de cada componente familiar,
y los duelos vividos pendientes aún de elaborar.
Todas estas historias familiares son experiencias que la familia
no puede metabolizar por sí misma, y se trasforman en
experiencias enquistadas y patógenas, condicionantes
para la libertad de sus individuos. Muchas de estas historias
están en relación con los mitos familiares, los
duelos sin elaborar y los tabúes. Son situaciones que
tienen un alto componente emocional. Situaciones relacionadas
con duelos, incestos, perversiones, herencias económicas,
infidelidades, personajes familiares que se destacan del grupo
familiar (en lo admirado o denigrado). Son temas intocables
e inmodificables, que de algún modo han servido de pseudo-estructura
a la familia. Son temáticas en torno a las que la familia
se identifica como grupo, absorbiendo a sus miembros en una
fidelidad y dependencia, perdiendo la identidad personal y unifamiliar,
trasformándose en grupos clónicos, clanes. El
crecimiento individual será muy difícil y poco
facilitador, pues hará recuestionar y revisar la falsa
estructura sobre la que se organiza el grupo familiar.
Con este complejo grupo interno familiar, la familia se presenta
ante nosotros para ser ayudada, Por muchos intentos que uno
hace de enfrentar este complejo entramado, uno se siente muy
impotente. Abrir todo ese mundo y desarticularlo, cuando viene
tan fuertemente determinado, es muy difícil. Esto nos
hizo acercarnos al GMF.
Llegamos al GMF no como un fracaso en el trabajo individual
y familiar, sino desde un reconocimiento de nuestra impotencia
para llegar a las raíces que impiden que cada individuo
construya su sí-mismo verdadero, que es el objetivo final
que nos proponemos en nuestros tratamientos. Ayudar a que cada
sujeto pueda ser él mismo, vaya construyendo su propio
mundo, y tenga un espacio propio tanto en el mundo familiar
como en el mundo social. Para ello, necesitamos construir un
nuevo escenario donde incluir de forma diferente a las familias.
Es el escenario del GMF. En este escenario, lo que posibilitamos
es que las familias se encuentren con otras familias. Las familias
no se abren fácilmente a contextos donde existen otros
miembros exitosos de la sociedad, porque la envidia y la culpa
que subyace en ella, hace que tomen una distancia y un repliegamiento.
Pero lo que sí aceptan es sintonizar y sensibilizarse
en un contexto más de iguales. Creemos que esto sirve
como denominador común para toda la patología.
Cuando queremos tratar en grupo, la gente está mas cómoda
entre próximos, y cuanto más severa es la patología
a tratar, más beneficios se encuentran en los grupos
homogéneos.
En
el escenario del GMF lo que intentamos conseguir es un espacio
psicodramático donde expresar ese complejo mundo interno
al que nos hemos referido. Donde se puedan re-presentar (volver
a revisar, a hablar, a vivir) las experiencias que en cada familia
están vinculando a esos miembros sin que sean ellos mismos.
Las familias cuando están en contextos más amplios
con otras familias, se pueden abrir. Esta apertura se produce
porque el GMF tiene la estructura y la dinámica de un
grupo grande donde lo que prima inicialmente es la confusión,
y la salida de la confusión es la búsqueda de
subagrupaciones. El GMF permite una pluralidad de subagrupaciones
muy grande y variada. Una persona no tiene necesidad de buscar
la subagrupación en su propia familia, sino que encuentra
una pluralidad de posibilidades, como si de un caleidoscopio
de subagrupaciones se tratase, que se irán trasformando
poco a poco en el esqueleto de nuevas identificaciones, de nuevas
relaciones, etc. Así pues, una familia no se quedará
metida dentro de sí misma, o por lo menos este contexto
grupal no lo facilitará. Las identificaciones iniciales
serán bastante homogéneas, es decir, padres con
padres, madres con madres, pacientes con pacientes, etc. Que
es una forma natural de ir saliendo del propio grupo familiar.
Para pasar posteriormente a identificaciones y subagrupaciones
cruzadas, una madre con un paciente que le permite reconocer
episodios de su vida comunes con los que está viviendo
dicho paciente, parejas con aspectos comunes entre sí,
etc. Estas dinámicas, que se producen en este escenario
tan plural y amplio, nos permiten intervenir sobre las relaciones,
no sobre los sujetos sólo, sino sobre las relaciones
que se están dando allí, porque es un espacio
multirrelacional, donde sí podemos ver intervinir a una
familia sobre sí misma, (un hijo con su padre, o su madre
etc.), pero el resto del grupo se irá identificando,
y va a poder rescatar a cada miembro del conflicto.
Este aspecto es muy importante porque el GMF juega un gran papel
de tercero. Entendemos el papel del tercero como el agente que
rescata a los miembros de la simbiosis que han generado interdependencias
difíciles de resolver. Este papel es muy difícil
de desempeñar con los recursos terapéuticos que
podemos manejar habitualmente, y mucho más difícil
de conseguir al tratarse de familias fuertemente dañadas
que han hecho vínculos muy regresivos, donde lo que predomina
fundamentalmente son las relaciones simbióticas patológicas.
Sin embargo, el GMF es un instrumento mucho más posibilitador
y creativo, al no ser uno (el terapeuta) el que tiene que enjuiciar
o decantarse por una de las partes del par simbiótico,
sino que son "muchos unos" que van a ir rescatando
a todas las partes.
De esta manera, nuestra función terapéutica deja
de ser persecutoria, como ocurre en las terapias unifamiliares,
convirtiéndonos en mediadores. Además, permite
la desmitificación, pues al rescatar a todos los componentes
del conflicto se sale de la idea de quién es el bueno
o el malo, o de quién es el cuerdo o el loco, o quién
es el que posee la verdad o no la conoce. El grupo grande como
un gran coro se va posicionando y deja ver claramente los mitos
que están atrapando a los miembros. Cómo los duelos,
con sus contenidos, y con la presencia fantasmática de
los ausentes, atrapan las mentes de los presentes, erigiéndose
las pérdidas y lo perdido a la categoría de mitos.
Por otro lado, los seres humanos en general (más allá
de las situaciones familiares particulares) estamos atrapados
por numerosos mitos y tabúes culturales que cierran nuestras
capacidades mentales. Son complejas formaciones que no sirven
para poder entender fenómenos humanos. Sin embargo, el
GMF tal y como nosotros lo entendemos, posibilita la recuperación
de las mentes de sus individuos (liberándolas de identificaciones
y dependencias familiares nocivas) para la desmitificación,
al objeto de poder humanizar el pensamiento. Así, podremos
ir retraduciendo y encontrando otro sentido a los acontecimientos
que a las familias tanto les ha influido. Por ejemplo, un acontecimiento
que se ve con frecuencia es el de la violencia. Hay pacientes
que se violentan en el grupo y muchas veces esa violencia viene
determinada por la falsedad que detectan en la comunicación
de su familia, porque con esta falsedad es como si ellos se
sintiesen sin espacio. El paciente mental grave es enormemente
sensible para todo lo que supone falsedad, y enormemente artista
para disfrazarse de personaje que convenga, al papel que los
otros le dejan representar. Sin embargo, en el GMF hay una trasformación.
Los pacientes dejan de ser personajes y empiezan a ser personas,
que denuncian abiertamente el contexto que les fuerza y les
obliga a ser personajes. Lo pueden hacer porque el multifamiliar
es un contexto de sinceridad que invita a la autenticidad, y
ellos aprovechan estos momentos para expresar como pueden lo
que padecen. De esta manera, por ejemplo, aparece la violencia,
y nos permiten ver qué está detrás de la
violencia y cómo precisamente los pacientes se violentan
porque no se les permite tener un lugar por sí mismos
junto a otros. El GMF restituye este espacio que cada ser humano
necesita tener. Lo restituye por ser un contexto de seguridad
y contención que las personas que lo componen aprovechan
para transmitir de formas vivas el nivel de sufrimiento en el
que se encuentran, fruto de la confusión y el desencuentro
relacional en el que se hayan. Todas estas comunicaciones se
manifiestan tal y como se viven, siendo la violencia una forma
común de comunicar el sufrimiento en todos los seres
humanos(Laing, 1967).
Las familias de pacientes mentales graves están muy dañadas,
tanto en su interior como muy desencontradas con el entorno
social y con su familia ampliada. Son familias que como lo que
las ¨vertebra¨ es la locura, también se han desencontrado
con el sistema sanitario. El GMF reconstruye estos entornos
donde las familias se han sentido no comprendidas. Hay familias
ampliadas, está el aspecto sanitario, representado por
los terapeutas, y está de alguna manera un contexto social
amplio, representado en la pluralidad de personas con medios
económicos, orígenes sociales, profesionales,
culturales y generacionales diversos que en el grupo se integran.
De esta manera y en las mismas coordenadas de espacio y tiempo,
concentramos todos los ámbitos relacionales donde la
familia va construyendo sus desencuentros y sus propios mitos.
En el GMF se va pudiendo desmontar todo esto, desmitificando
para poder crear un espacio donde poder pensar. Desmitificando
conceptos como la locura, los buenos los exitosos, los sanos,
la enfermedad etc. Cuando conseguimos esto se genera un clima
emocional donde podemos pensar. Cuando un grupo grande puede
incluir a la mayoría de sus miembros en una actitud de
pensar y sentir, el potencial terapéutico se incrementa
enormemente, y también el potencial de humanización
de los fenómenos que allí se pueden vivir.
Esta experiencia es muy enriquecedora, pues el descubrir cómo
los pacientes van recuperando su capacidad de pensar, en presencia
de sus familias con las que nunca habían podido razonar,
dialogar ni poner en su conocimiento el ser humano que llevan
dentro, es muy emocionante. Estos cambios los observamos con
más frecuencia en los pacientes que en los padres, a
los que les es más difícil desprenderse de formas
de entender anquilosadas. Muchas veces son sus hijos los que
les ayudan a encontrar este camino de cambio que a ellos les
está siendo tan útil. Lo hacen desde un aspecto
de generosidad, que es consustancial con un buen proceso terapéutico,
pero también porque saben que si los padres no inician
ese proceso, el suyo propio está abocado al fracaso.
Aquí es donde radica le resolución de las interdependencias,
que es lo que fundamentalmente "sostiene" la relación
patógena. Los pacientes intuyen y saben que el alivio
y resolución a su problemática pasa por la posibilidad
de que cada miembro familiar pueda tener su propio espacio mental,
como expresión de su propia historia, sus propias experiencias,
y su propio contexto generacional. Sin sometimientos ni miedos
a represalias emocionales o culpas por separarse de las ideas
de su grupo natural. Saben que en este camino han de estar acompañados
por sus personas significativas y buscan el amparo del GMF para
encontrar las formas en las que este mensaje de necesidad de
cambio pueda calar en ellos.
El GMF no está sometido a las exigencias del tiempo cronológico,
tan al uso en la ideología sanitaria que nos rodea, y
tan antinatural para los procesos de evolución mental
que pretendemos conseguir. Estas exigencias de que en unos pocos
meses los pacientes tienen que estar de alta, sin conocer que
la complejidad de los procesos de cambios incluyen (en la patología
grave sobre todo) a muchos miembros a la vez, sólo está
(en lo que respecta a la psicodinamia del paciente) al servicio
de perpetuarlo en la cronicidad. Paradójicamente, cuando
se quiere correr en el cronos éste se detiene mentalmente,
dando como resultado lo crónico.
El GMF al ser un grupo grande es respetuoso con los tiempos
y el ritmo que cada familia necesite, pudiéndose interrumpir
y retomar cuantas veces sea necesario en función de las
vicisitudes por las que el proceso individual y familiar vaya
atravesando. Y no necesariamente tienen que mantenerse en el
grupo todos los miembros familiares a la vez, sino que posibilita
que cada miembro pueda atender a sus tiempos, sin someter a
los demás o sin abandonos por parte de todos los componentes.
Otro aspecto destacable de los GMF es la posibilidad que da
a las personas que han perdido a miembros familiares. Muchas
veces se recuestiona nuestro modelo basado en el proceso terapéutico
que debe realizar el grupo familiar y no sólo el paciente,
argumentando: "qué harán entonces los pacientes
que han perdido a su familia". En el GMF pueden encontrar
personas que representen a estos miembros y revivir experiencias
emocionales de reparación en la figura de otros padres.
El GMF acompaña y da amparo a la soledad que estos pacientes
tienen, encontrando todo un entramado de familia sustitutoria,
pero con la diferencia de la ausencia de las interdependencias
que fijan en roles preestablecidos a sus miembros. Es muy importante
la presencia en el grupo de estos miembros que han perdido a
sus padres o que viven sin ellos, para desmitificar un temor
pesimista, basado en la idea de: "sin mí, tu no
puedes existir", que tienen las familias respecto a qué
va a ser de sus hijos cuando ellos falten. Muchas veces se sorprenden
al ver cómo pueden salir a delante e incluso mejoran
sin ellos.
Por último, haremos referencia a algunos aspectos de
la técnica que representaremos de forma esquemática.
Aspectos
técnicos
1)
Es necesaria la formación en psicoterapia de grupo, terapia
familiar y psicoterapia individual para la conducción
de estos grupos. Estos recursos nos ayudarán a pensar
dentro del grupo. Los fenómenos individuales grupales
y familiares se van a dar simultáneamente, intercalándose
entre sí (Fredenrich-Mülhebach, 1998).
2) Trabajar en equipo y en coterapia, integrando las distintas
aportaciones y formas de entender de sus miembros. Para ello
es muy importante una buena relación entre sus miembros,
así como compartir un modelo de comprensión de
la salud y la enfermedad mental. Es imprescindible destinar
tiempos, después de cada grupo, a las reflexiones comunes.
3) Es muy importante poder pensar en las interrelaciones que
allí se están produciendo, y mostrarlas llevando
los contenidos de los diálogos a la relación con
los padres. Muchas veces el sentido de lo expresado lo vamos
a encontrar en el análisis de la relación existente
entre los miembros familiares, puesto que son contenidos que
se metaforizan y desplazan al carecer de recursos yoicos para
enfrentar los conflictos familiares directamente. La defensa
psicótica (delirios, alucinaciones, etc.) tiene su sentido
y explicación en los conflictos familiares. Sin esta
parte de la realidad del paciente su discurso no tiene sentido,
condenándosele al sin sentido de la locura.
4) Salir del lenguaje metafórico propio de los grupos
grandes para trasladarlo a los acontecimientos más próximos
que siempre están en relación con las desidealizaciones
y los duelos patológicos. Es importante buscar en el
interior de las metáforas los duelos sin resolver, que
hacen acto de presencia de formas simbólicas.
5) Posibilitar en presencia de otros el diálogo entre
las personas implicadas en el conflicto familiar. Siempre que
hayamos conseguido un clima emocional en el grupo facilitador
para la escucha.
6) Posibilitar la intervención de otras familias (si
un padre falla, facilitar la intervención de otro, para
rescatar la función paterna, etc.). En muchos momentos
la capacidad de escuchar a otros padres o hijos se incrementa
por la distancia emocional
7) Intervenir en los diálogos dilemáticos, rescatando
las necesidades básicas que se ponen de manifiesto en
las demandas que muchas veces se realizan a través de
la violencia. Las demandas básicas giran siempre en torno
a la necesidad de afecto, de que los otros significativos les
den un lugar en su mente con derecho a ser distintos y valiosos,
respetando la necesidad vital de ser ellos mismos (Ayerra, 1997).
8) Acompañar físicamente a los pacientes con mayor
fragilidad yoica. La contención y el contacto físico
en momentos emocionales delicados permite a los pacientes mantenerse
en el grupo y recuperar cierta capacidad de escucha. Cogerles
de la mano, o colocar nuestra mano en su hombro, es un gesto
de gran valor terapéutico, al sentirse rescatados de
la soledad en la que se sumergen en función de ciertas
presencias y contenidos del grupo.
9) Entresacar las palabras y frases del discurso de los pacientes
que tengan un significado especial para ellos mismos. Algo de
ellos mismos que vaya hilvanando un discurso propio, para ir
trabajando y desbridando el yo del paciente de las interdependencias
familiares, para visualizar con evidencia cómo éstas
influyen en la construcción mental.
10) Intentar crear un clima emocional de calidez humana, introduciéndonos
y sintiendo lo que allí se está viviendo. Para
facilitar la reflexión, la tolerancia y el acogimiento
necesarios para abrir la mente a las experiencias de otros.
Para ello, es importante salir de posiciones de omnipotencia
en las que el grupo pretende colocar a los terapeutas (cuanto
mayor es el grupo, mayor exigencia para ocupar ese lugar). También
es importante en este sentido mostrarnos como somos, sin distancias
terapéuticas, de formas espontáneas y sinceras.
Por eso es necesaria la coterapia, para que complementariamente
podamos realizar esta función a la par que algún
miembro del equipo terapéutico pueda tener la distancia
suficiente para observar los fenómenos que allí
se dan más en su conjunto.
Bibliografía
Ayerra,
J. M. (1997). Grupo grande. Boletín, 7(28-46).
Ayerra, J. M., & Lopez Atienza, J. L. (1993). Grupo multifamiliar.
Paper presented at the Congreso Nacional de Psiquiatria, Bilbao.
Fredenrich-Mülhebach, A. (1998). Les groupes thérapeutiques
dans un centre de jour pour patients
souffrant de troubles schizophréniques. Psychothérapies,
18(1), 39-50.
Garcia Badaracco, J. E. (1964). El grupo familiar multiple.
Paper presented at the Congreso de Psicologia, Mar del Plata.
Garcia Badaracco, J. E. (1990). Comunidad Terapeutica Psicoanalitica
de Estructura Multifamiliar. Madrid: Tecnipublicaciones.
Guimón, J. (1982). Ventajas y dificultades de la desinstitucionalización
de los pacientes mentales. Psiquis, 2.
Laing, R. D. (1967). The politics of experience. New York.
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