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Resumen
El grupo multifamiliar permite pasar de la comprensión
particular a la comprensión común, superando los
prejuicios y simplismos culturales: buenos y malos, locos y
cuerdos, listos y tontos, exitosos y fracasados. Estos grupos
generan un contexto humano y social donde caben las personas
y sus necesidades en función de sus momentos vitales.
Alo largo de las intervenciones se construye una historia común
que llega a "contener" a todos los participantes permitiéndoles
integrarse en ella, de algún modo, como protagonistas.
PALABRAS CLAVE: Grupo
multifamiliar, contexto social.
Summary
The multifamily group allows you to go from the individual understanding
to mutual understanding, getting over cultural prejudices and
oversimplifications: good and bad, madmen and sane men, clever
people and stupid people, successful people and failures. These
groups generate a human and social context in which the people
and their needs fit according to their vital moments. Throughout
the interventions a common story is built, which eventually
"contains" all of the participants, allowing them
to become integrated in it, in some way, as protagonists.
KEY WORDS: Multifamily
group, social context.
Introducción
El
Grupo Multifamiliar -GMF- es un lugar de llegada. Es la estructura
más sofisticada y compleja de cuantas se han desarrollado
(Garcia Badaracco, 1964) (Garcia Badaracco, 1990) para el tratamiento
psicoterapéutico de los pacientes mentales graves esquizofrénicos,
psicóticos, caracteriales, fronterizos, personalidades
obsesivo compulsivas, etc. También es la estructura más
poderosa para producir cambios de profundidad en estos pacientes,
tan difícilmente modificables con los recursos terapéuticos
tradicionales (psicoterapias individuales, de grupo pequeño,
de familia)(Ayerra et al., 1993). El GMF las incluye a todas
en las mismas coordenadas de espacio y tiempo añadiéndoles
una dimensión institucional, comunitaria y social que
le es propia y específica.
El
camino recorrido
Nos vamos a referir a una experiencia de 18 años de evolución.
El camino recorrido hasta llegar a su creación fue largo
y no exento de dificultades. Resumiremos. Primero: la experiencia
compartida en un hospital psiquiátrico tradicional que
nos dio una clara comprensión de "qué no
hacer". Fue la mayor contribución que recibimos
en el hospital psiquiátrico, en el que estuvimos durante
algunos años. Hoy muchos hospitales psiquiátricos
han mejorado sus recursos de hospedería y han dignificado
las estancias, pero sustancialmente no han cambiado su manera
de entender la enfermedad mental, suponiendo en un número
elevado de casos más un obstáculo que una oportunidad
al servicio de los seres humanos, que requieren su ayuda en
un momento especialmente trascendente de su existencia.
Segundo:
la creación del Centro de Salud Mental Uribe-Kosta hace
20 años. Uno de los dispositivos asistenciales más
novedosos e interesantes, tanto por sus objetivos comunitarios,
a los que no hemos renunciado en todos estos años, como
a la novedosa y útil estructura organizativa y administrativa,
auténticamente acorde con los objetivos. Es esta institución
donde hemos podido realizar nuestros desarrollos más
creativos. La estructura específica para el abordaje
de la psicosis es nuestro Hospital de Día. Un contexto
comunitario concebido como comunidad terapéutica, con
una dimensión psicoterapéutica dinámica
de la psicosis. El evitar los ingresos nos familiarizó
con el abordaje de la crisis y con los momentos regresivos de
los pacientes. En ello nos fuimos capacitando cada vez más.
Si bien los pacientes pasaban con nosotros una parte de su tiempo,
la mayor parte de éste lo desarrollaban en el contexto
familiar del cual dependía excesivamente nuestro proyecto
de evitar hospitalizaciones. Para entonces, no nos cabía
la menor duda de que la familia se encontraba implicada de manera
decisiva en lo que le pasaba al paciente. Cómo colocar
a la familia en la misma dirección en la que queríamos
ir, era lo que tendríamos que aprender en la experiencia
posterior. Reunir al primer grupo de padres, convocado con criterios
psicopedagógicos y de autoayuda, fue la forma que concebimos
para implicar en nuestro proyecto a los padres. Primero era
escucharles, tranquilizarles, acompañarles, empatizar
con ellos y finalmente, llegar con ellos en el trascurso del
tiempo a utilizar lo pedagógico sólo como una
referencia necesaria a la que apelar en momentos de angustias
y tensiones emocionales, difícilmente controlables. Así,
fueron abriéndose paso en el tiempo los espacios donde
tenían cabida los contenidos íntimos familiares,
hasta constituir ellos mismos el sentido de nuestro encuentro
de hora y media mensual para convertirse poco a poco en una
reunión semanal.
El encuentro entre los padres y los hijos no fue fácil.
Los padres traían siempre los problemas de los hijos,
convirtiéndose en un discurso circular, donde los causantes
de todos los problemas eran siempre los hijos, comienzo y fin
de todas las cosas. La inclusión de los hijos, no exenta
de grandes dificultades por parte de todos, incluidos los miembros
del equipo terapéutico, abrió el discurso a la
problemática de la familia y de los padres como individuos
y como pareja. Con esta estructura venimos trabajando desde
hace 18 años. Es importante reconocer que los problemas
no suelen estar del lado de los pacientes, están más
del lado del equipo. Los profesionales tenemos muchas más
resistencias a andar por caminos no andados y a correr riesgos.
No nos atrevemos a investigar. Seguimos los mismos surcos que
nos dan otros, sin comprobar si son adecuados. Quizá
sea un efecto de la opulencia, que nos infantiliza a todos.
Nosotros creemos que el animarse a experimentar desde la intuición
es un elemento interesante siempre, y son caminos enormemente
atractivos para los equipos.
Supuestos
básicos de los que partimos
La
cronicidad de los pacientes mentales graves está más
en relación con la inadecuación de los recursos
asistenciales utilizados que con el devenir de los pacientes
(Guimón, 1982). Todos ellos tienen capacidades evolutivas
de desarrollo y cambio si el entorno asistencial se lo posibilita.
La psiquiatría actual sigue siendo en la mayoría
de los casos más un obstáculo que una oportunidad.
La cronicidad será una posibilidad que se da en todos
los seres humanos, al igual que la posibilidad de entendimiento,
integración y cambio. Es muy lamentable observar cómo
una persona ve a otra crónica, y cómo esta manera
de ver es una hipoteca. Cuando una madre hace una predicción
catastrofista de un hijo, el devenir del hijo lo vemos enormemente
hipotecado. Si una familia no puede ver las cosas más
que de formas catastrofistas, y el terapeuta también,
no llegarán a ninguna parte más que a perpetuar
la locura y la incomprensión. Muchas veces se nos tacha
de optimistas, pero de qué otra manera se puede estar
en esta profesión, si no es desde el optimismo. Además
nosotros no somos optimistas desde la ingenuidad. Vemos evolucionar
a nuestros pacientes y eso es lo que trasmitimos. Lo que también
decimos es que hoy en un hospital psiquiátrico o en una
unidad de hospitalización es difícil ver evolucionar
a los pacientes esquizofrénicos en el tiempo, porque
el instrumento no es el adecuado. Es un instrumento que daña
sobre todo las capacidades de evolución de estas personas,
al no confiar en ellas. Pero es un instrumento que daña
también a los profesionales, que llegan con una enorme
ilusión a los hospitales psiquiátricos, y al poco
tiempo se sienten como carceleros, con una culpabilidad enorme,
sin entender nada de lo que les está sucediendo. Esto
se observa muy bien en las experiencias de grupo grande, donde
las identidades superficiales se nos van, y uno queda sufriendo
de las circunstancias ambientales que no puede pormenorizar,
y que parasitan las capacidades mentales.
Siempre la cronicidad es un tema polémico. Trabajamos
mucho con el tema de la muerte, tanto desde los duelos, como
desde la muerte anunciada en enfermedades terminales, realizando
experiencias enormemente creativas. A veces, hay personas en
las que el lapsus de tiempo entre un diagnóstico de cáncer
y su muerte es el tiempo más significativo, y es el único
tiempo que han poseído la sensación de haber estado
vivos, les ha merecido la pena vivir sólo por ese encuentro
con los otros en ese espacio de tiempo. Partimos de la base
de que todo es enormemente relativo. Nuestra experiencia es
que si a los pacientes se les da la oportunidad, se cogen a
ella, y los profesionales también, aún siendo
más resistentes que los propios esquizofrénicos.
Entendemos la enfermedad mental en el adulto como un problema
vincular, acontecido en los primeros años del desarrollo
y sostenido a lo largo del tiempo, con un complejo y patológico
entramado de relaciones, pero que tiene posibilidad de revisión
y de reversión, siendo necesarias para la salida de la
psicosis estructuras de acompañamiento, en el respeto
y la diferencia. Existe una evidencia importante, si ponemos
a una persona cuerda en un contexto loco acaba pensando y actuando
locamente, y por el contrario, si ponemos a una persona loca
en un contexto cuerdo, acabará actuando cuerdamente,
siempre que se le dé el tiempo suficiente. La realidad
social siempre es más poderosa que la realidad interna
individual, que acaba trasformándose.
El acompañamiento implica a las personas y contiene.
Es fundamental la empatía, la contención emocional
y física, las experiencias en la realidad, unas correctoras,
y otras inéditas, tanto de gratificación como
de frustración. El desarrollo mental siempre se realiza
sobre la base del dolor producido por la separación y
desaparición de lo mentalizado y sobre la comprensión
y elaboración que implica la integración de los
espacios parciales.
Espacio
en el que se sitúa el grupo multifamiliar
A
pesar de que todos los tratamientos que se dispensan en un servicio
de psiquiatría extra-hospitalario y comunitario se encuentran
entre el adentro y el afuera de la institución, el GMF
implica más que ninguna otra técnica el espacio
de intersección entre la institución y la comunidad.
Son en los límites, en los espacios de confluencia entre
lo de adentro y lo de afuera, donde se producen las máximas
tensiones y donde la coherencia e incoherencia institucional
tendrá su reflejo más evidente y fiel. Siempre
consideramos importantes los espacios frontera, porque son los
espacios de intersección del conflicto y del cambio.
Es éste el lugar del GMF.
El
autismo, el cierre al exterior, es la defensa más primitiva
tanto en la naturaleza vegetal como animal. Lo mismo que en
el ser humano, esta rotura de la comunicación con el
medio, llamado autismo, también está presente
en las instituciones, generando instituciones totales y sectarias.
Pensamos que lo individual no es diferente de lo familiar. De
hecho, el individuo se constituye dentro de la propia familia,
y cuando hablamos de grupo interno estamos hablando de esta
familia que al principio no estuvo dentro, sino que estuvo fuera.
Los mismos fenómenos que se dan en el individuo se dan
en la familia y en el contexto social, lo que ocurre es que
cada realidad más amplia contiene a la anterior y añade
fenómenos nuevos específicos de esa estructura
más compleja. Por eso el grupo es más difícil
de introducir. Es una ingenuidad pensar que el grupo es más
fácil, o querer formarse en grupo sin tener una clarísima
idea del individuo. Evidentemente, hay que comenzar del individuo
porque es el aspecto más parcial, para después,
además de saber mucho de individuo, poder incorporar
los nuevos aspectos que las familias o los grupos pequeños
aportan y después también los grupos grandes,
que recogerían el conocimiento de todo lo anterior. En
muchas ocasiones, en un grupo grande nos encontramos realizando
intervenciones individualizadas, hablando de la historia personal
como la única forma de ayudar a un paciente a reincorporarse
a ese grupo, cuando se encuentra en un momento de confusión.
Muchos de los mecanismos que describimos para lo individual
sirven también para los grupos: el autismo, las identificaciones,
la condensación, el desplazamiento, etc.
Si bien un cierto autismo, temporal e ilimitado, puede ser una
medida prudente de defensa en la mayoría de los casos,
se convierte en el principal obstáculo para la evolución
y adaptación. Cuando el autismo se establece, para entonces
ya se encuentra interiorizado el daño, y su cerrazón
no hace más que perpetuarlo, e implica un desarrollo
anómalo, condicionado por el mismo. Las instituciones
y sobre todo los equipos clínicos, fundamentalmente los
de salud mental, con fuertes tendencias en sus dinámicas
a la repetición y a la evitación del contacto
con el exterior, frecuentemente se ven amenazados de incurrir
en un proceso de deterioro y cronicidad que los incapacita y
los aleja del desarrollo de su tarea. El GMF es un gran antídoto
contra el autismo institucional. Abre la estructura al exterior,
comunica a la institución con el contexto comunitario,
al que se debe y al que necesita sistemáticamente adaptarse.
La sola presencia de un GMF implica un importante grado de salud
institucional y del equipo implicado en su desarrollo.
¿A quién simboliza el GMF?. Si el grupo pequeño
de extraños metaforiza al grupo familiar, y la familia
se representa a sí misma, el GMF se estructura como el
contexto social, siendo su representante a escala reducida.
El contexto social se articula como un entramado de familias
interconectadas, a través de las relaciones de pareja
e intercambio entre sus miembros, que generan redes sociales,
cuya dimensión y complejidad aumentan con el tamaño.
En el GMF, el punto de unión de todas las familias es
el sufrimiento, fundamentalmente el sufrimiento psíquico.
En un contexto relacional condicionado e influido por el sufrimiento
y desarrollos mentales autistas, aparentemente alejados de todo
contexto exterior, aquellos que cotidianamente entendemos como
locos no lo son tanto, cuando se descubren las claves para el
entendimiento y descodificación de sus entramados mentales.
La rotura del autismo familiar y la restitución de las
redes sociales rotas por el sufrimiento y la enfermedad, suponen
un alivio, un acompañamiento y sostenimiento fundamental
para este tipo de familias frecuentemente acomplejadas, avergonzadas
y excluidas
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