Vol. 1, núm. 2 - Julio 2002     Revista Internacional On-line / An International On-line Journal  
Psicoterapia dinámica de la psicosis (pág. 2)

Dr. José Luis López Atienza
Médico psiquiatra, grupoanalista, director de las estructuras intermedias del Centro de Salud Mental Uribe.
Bilbao


 

2. CASO 1

Una paciente paranoide con grandes dificultades de vinculación y que estaba avanzando mucho en su confianza, llevaba una semana dando muestras de malestar con la situación que vivía a través de diversas actuaciones de autoagresión. La situación de base que ella nos transmite es un conflicto manifiesto con su madre de la que no se siente querida (los padres viven separados y ella vive con la madre) por la que se siente abandonada afectiva y físicamente (la madre trabaja muchas horas para sacar la economía familiar adelante). Latentemente con la autoagresión actuaba también un sentimiento de abandono que sentía por parte nuestra porque no le habíamos "facilitado" un informe médico donde con mucha distorsión de la realidad, enunciáramos una serie de incapacidades al objeto de percibir una ayuda económica.

En nuestro análisis de la situación comprobamos que la familia estaba reaccionando negativamente con el tratamiento. En una reunión con ellos para esclarecer lo sucedido, comprobamos cómo la paciente que hasta días antes de sus autoagresiones mantenía un buen vínculo con nosotros, nos "utilizaba" como la familia sustituta que ella desearía tener, denunciando el mal funcionamiento de su propia familia. Ésta reacciona intentándola apartar del tratamiento al no soportar los celos que le provoca que la paciente nos ponga como ejemplo de su deseo de buena familia. ¿Cómo lo realiza? Busca "inconscientemente" algo que les vuelva a unir: la necesidad económica. La paciente desea obtener unos ingresos por incapacidad porque así siente menos dependencia económica con su familia y ésta ingresaría algo más en su limitada economía. De esta manera, la paciente nos hace una petición para que engañemos en un informe. En vista de no obtener una respuesta satisfactoria y de la decepción que siente con nosotros, realiza una serie de autoagresiones, también con el deseo, quizás inconsciente, de aumentar un síntoma severo a su pronóstico para que nos replanteásemos su informe.

De esta forma la familia se presenta para increparnos que la paciente había empeorado, no reconociendo ningún avance anterior. Por otra parte la paciente "solicita" separarse de nosotros a través de un ingreso como consecuencia de sus actuaciones.
La reunión con la familia puso de manifiesto todos estos acontecimientos y permitió corregir a su vez algunas deficiencias que se habían dado en las terapias familiares por ausencias, además de evitar que el proceso se interrumpiera.

La familia del paciente psicótico está presente y vigilante de la evolución de los procesos de los hijos. Pero además, está también presente en el entramado que rodea a los conflictos que el paciente psicótico va a trabajar en su psicoterapia. Está presente en su mente, en la estructuración de su aparato psíquico y en sus síntomas.

El paciente psicótico vive en la imposibilidad de ser él mismo. Vive "habitado" por otros. No ha podido construir un yo capaz de resolver la conflictividad psíquica y externa. Vive atrapado por la lucha entre sus necesidades básicas y las normas y límites que la forma "aberrante" utiliza. Tanto unos como otros son intensos. Las necesidades lo cubren todo y las viven como básicas y elementales, tanto si son necesidades reales para la vida como si no lo son tanto, pero ellos así lo viven.

Las normas y límites también son vividas con gran intensidad. Es aquí donde de nuevo la presencia familiar se hace manifiesta. El paciente no ha podido construir un yo lo suficientemente maduro para salvar las situaciones regresivas que va a pasar en la vida. Este yo está falsamente construido. Está más bien organizado en torno a otros "yoes" familiares. Utilizan dichos "yoes" como si fueran prótesis. Como si fueran aspectos postizos que no son suyos y que los toma prestados desde las identificaciones. De ahí la falta de plasticidad que observamos. Las identificaciones que no van a permitir que los pacientes construyan un yo auténtico, son las que se realizan con aspectos patológicos de los padres, con aspectos falsos de personalidad y de funcionamiento.

No le permiten construir un yo más genuino, porque esas identificaciones y recursos no se sintonizan con las necesidades básicas emocionales que el paciente presenta. Pero por otro lado no encuentra otras formas para manejarse. Los aspectos falsos son muy amplios en el paciente y están muy ligados a las personas y personajes de los que provienen, de tal manera que su mundo mental está habitado por ellos.

Desde la inmadurez o bien desde los estados primarios que se viven en las situaciones regresivas, el aparato psíquico utiliza mecanismos primitivos de funcionamiento, donde los aspectos parciales son amplificados a la categoría de totales. De esta manera, un aspecto, un rasgo de carácter de los padres no es incluido como un rasgo, es incluido como toda la persona. Esta distorsión transforma a la persona en personaje. Como además estas situaciones se repetirán con bastante frecuencia y como además se dan en contextos emocionales traumáticos, quedará como resultante la ocupación e invasión en el mundo mental del paciente de dichos personajes. Así se constituye un grupo interno poderoso que empobrece el precario yo del paciente.

Así observamos cómo el grupo familiar opera desde el interior de él. Será este grupo el que influye y condiciona sus pensamientos, fagocitando la capacidad individual de pensar. Más bien esta capacidad está al servicio de poder controlar a dicho grupo interno. Por eso su pensamiento se organiza para el control y se transforma en un pensamiento con las características del pensamiento obsesivo pero más aberrante. Con ritualizaciones, manierismos y revisiones de sus ideas una y otra vez.
Esta forma de pensar (tan semejante al pensamiento obsesivo) puede llegar a construir ideas delirantes y alucinatorias, que sería un nivel más sofisticado de control.

3. CASO 2

Un paciente esquizofrénico se encontraba en un grupo sin prestar atención a lo que otro compañero decía en torno a rechazar la etiqueta de enfermo. Al darme cuenta de ello, le pregunto por su desconexión y responde que está en sus cosas. En sus voces que no le desaparecen (su único tema de preocupación). Cuando indago si había oído algo de lo dicho en el grupo, responde que sí pero que él no estaba de acuerdo. Le pregunto por qué no lo puede incluir y responde que él nunca es espontáneo porque teme la reacción de los demás. Siente que mayoritariamente está en desacuerdo con los demás y que cuando en algún momento él se ha dejado llevar y ha podido ser más espontáneo, se han burlado de él. Reconoce que las voces le han servido de elemento de control para frenar su acercamiento y se daba cuenta que desde siempre había tenido necesidad de controlarlo todo, de encasillar y clasificar todo lo que ocurría a su alrededor. Todavía no conocemos qué relación puede tener esto con la historia familiar, puesto que hace poco que se ha incluido en el tratamiento. Pero sí que la explicación que él nos dio nos aclara esta función de control de las alucinaciones frente a la impulsividad y los grupos.

Las ideas delirantes servirán para controlar a dicho grupo a través de un "guión dramático", que al paciente le sirve para "comprender" mejor la dinámica y existencia de su grupo interno. En cuanto los pacientes nos hablan de un complot contra ellos, donde están todas las personas significativas de su vida, porque él es un personaje muy importante y que su sabiduría y misión en la vida (en muchas ocasiones salvar a la humanidad) resulta insoportable e inadmisible para ese grupo. Es como si el paciente metafóricamente estuviera expresando que tuviera que hacerse muy grande, muy poderoso, para librarse de las cadenas que le suponen las figuras familiares de las que depende. Es tanta su pequeñez que sólo se imagina esta posibilidad de independencia, sintiéndose alguien muy poderoso, y a la vez imagina a la familia o a sus "representantes simbólicos" (policías, jueces, grupos armados, etc.) como personajes que nunca van a tolerar su autonomía. En realidad tiene razón, puesto que antes hemos hablado de la interdependencia familiar y es real que ellos sirven de "soporte" para mantener la homeostasis familiar. El desplazamiento que realizan desde los miembros familiares reales a personajes, representantes sociales, de las funciones familiares que denuncian (persecución, control, represión, etc.) lo realizan para preservar a la familia del ataque directo dado que se reconocen por otro lado necesitados de éstos.

Las ideas delirantes cobran diversas formas y casi siempre tienen ribetes épicos que están en relación con la biografía individual y familiar.

Este control constante es lo que desgasta su capacidad de pensar, la empequeñece y es lo que denominamos deterioro. Nosotros pensamos que este deterioro es reversible a través de la psicoterapia, en la medida que podamos liberar al paciente de esa trama mental y lo ayudemos a que su pensamiento esté al servicio de su individualidad en vez del control.
Este control del mundo interno les hace muy vulnerables hacia el mundo externo. Es como si se encontraran "sin piel" psicológica. Como si todo lo que viniese del exterior no lo controlaran y temieran que les fuera a influir afectiva y mentalmente.

El rechazo hacia los grupos externos se manifestará por la inhibición y aparente desconexión. Sin embargo, no hay defensa que proteja totalmente, por consiguiente el exterior acabará influyéndoles.

4. CASO 3

Un paciente recién llegado al grupo con un severo trastorno esquizofrénico daba evidentes muestras conductuales de estar desconectado de todo lo que aparentemente estaba sucediendo en el grupo.
El grupo estaba centrado en el rechazo: a reconocerse pacientes, a aceptar su realidad familiar y social, y a vivir detrás de que algún día se confirmaran sus anhelos de ser reconocidos como hijos de personajes importantes (reyes, políticos, dioses). Y cómo estos anhelos y rechazos se ponían fervientemente de manifiesto cada vez que la muerte, (en forma de desaparición de un ser querido, o en forma simbólica, como podría ser fracasos y frustraciones en su vida), hacía acto de presencia.
El grupo trabajaba con bastante interés todas estas ideas, en las que en mayor o menor medida se veían reflejados con aportaciones personales a este tema común. Dicho paciente levantó en varias ocasiones la mano con intención de intervenir, advirtiendo que lo que iba a decir no tenía nada que ver con lo que se estaba hablando. Se le hizo posponer sus intentos al dar prioridad al tema común. El paciente comenzó a realizar una serie de rituales corporales que reflejaban intentos de control, movía sus dedos como si llevase la cuenta de algo. Al cabo de un rato, se levantó y dijo necesitar de ir a orinar. Ahí se le preguntó qué le ocurría y ante la necesidad de ir a orinar se le dejó salir. Tardaba en volver, hizo varias apariciones por la puerta, pero rectificaba y volvía al baño como si no hubiera "descargado", o como si al oír otra vez al grupo, éste le hiciera volver al water para control-descarga. Volvió por fin, y al sentarse se le invitó a que relatase todo lo que sucedía. Contó que él tenía la idea de que todos los policías y jueces son unos hijos de puta a los que habría que matar y que este grupo le enchufaba ideas en su cabeza que él tenía que machacarlas hasta hacerlas desaparecer y que hasta que no trituraba esas ideas no podía parar. No contó las ideas que tuvo, pues le parecían aún muy íntimas, para la poca confianza que tenía en la segunda sesión de grupo a la que acudía. Si nos hizo saber que todos los hospitales de día y psiquiátricos eran una mierda, y lo único importante en la vida era el café y el periódico (dos actividades que él reclamaba con insistencia), y que por cierto, en nuestro centro se limitaba el consumo de café a una taza. Se le hizo ver que aquello no era el hospital de día sino EL CLUB (I). En ese momento hizo una alusión positiva hacia el club, y cuando el grupo iba a finalizar, y algún paciente volvió a hacer alusión a la muerte, él musitó en voz baja: "yo también las tengo".

 
 
           
   
 
   

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