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2.
CASO 1
Una paciente paranoide con grandes dificultades de vinculación
y que estaba avanzando mucho en su confianza, llevaba una semana
dando muestras de malestar con la situación que vivía
a través de diversas actuaciones de autoagresión.
La situación de base que ella nos transmite es un conflicto
manifiesto con su madre de la que no se siente querida (los
padres viven separados y ella vive con la madre) por la que
se siente abandonada afectiva y físicamente (la madre
trabaja muchas horas para sacar la economía familiar
adelante). Latentemente con la autoagresión actuaba también
un sentimiento de abandono que sentía por parte nuestra
porque no le habíamos "facilitado" un informe
médico donde con mucha distorsión de la realidad,
enunciáramos una serie de incapacidades al objeto de
percibir una ayuda económica.
En nuestro análisis de la situación comprobamos
que la familia estaba reaccionando negativamente con el tratamiento.
En una reunión con ellos para esclarecer lo sucedido,
comprobamos cómo la paciente que hasta días antes
de sus autoagresiones mantenía un buen vínculo
con nosotros, nos "utilizaba" como la familia sustituta
que ella desearía tener, denunciando el mal funcionamiento
de su propia familia. Ésta reacciona intentándola
apartar del tratamiento al no soportar los celos que le provoca
que la paciente nos ponga como ejemplo de su deseo de buena
familia. ¿Cómo lo realiza? Busca "inconscientemente"
algo que les vuelva a unir: la necesidad económica. La
paciente desea obtener unos ingresos por incapacidad porque
así siente menos dependencia económica con su
familia y ésta ingresaría algo más en su
limitada economía. De esta manera, la paciente nos hace
una petición para que engañemos en un informe.
En vista de no obtener una respuesta satisfactoria y de la decepción
que siente con nosotros, realiza una serie de autoagresiones,
también con el deseo, quizás inconsciente, de
aumentar un síntoma severo a su pronóstico para
que nos replanteásemos su informe.
De esta forma la familia se presenta para increparnos que la
paciente había empeorado, no reconociendo ningún
avance anterior. Por otra parte la paciente "solicita"
separarse de nosotros a través de un ingreso como consecuencia
de sus actuaciones.
La reunión con la familia puso de manifiesto todos estos
acontecimientos y permitió corregir a su vez algunas
deficiencias que se habían dado en las terapias familiares
por ausencias, además de evitar que el proceso se interrumpiera.
La familia del paciente psicótico está presente
y vigilante de la evolución de los procesos de los hijos.
Pero además, está también presente en el
entramado que rodea a los conflictos que el paciente psicótico
va a trabajar en su psicoterapia. Está presente en su
mente, en la estructuración de su aparato psíquico
y en sus síntomas.
El paciente psicótico vive en la imposibilidad de ser
él mismo. Vive "habitado" por otros. No ha
podido construir un yo capaz de resolver la conflictividad psíquica
y externa. Vive atrapado por la lucha entre sus necesidades
básicas y las normas y límites que la forma "aberrante"
utiliza. Tanto unos como otros son intensos. Las necesidades
lo cubren todo y las viven como básicas y elementales,
tanto si son necesidades reales para la vida como si no lo son
tanto, pero ellos así lo viven.
Las normas y límites también son vividas con gran
intensidad. Es aquí donde de nuevo la presencia familiar
se hace manifiesta. El paciente no ha podido construir un yo
lo suficientemente maduro para salvar las situaciones regresivas
que va a pasar en la vida. Este yo está falsamente construido.
Está más bien organizado en torno a otros "yoes"
familiares. Utilizan dichos "yoes" como si fueran
prótesis. Como si fueran aspectos postizos que no son
suyos y que los toma prestados desde las identificaciones. De
ahí la falta de plasticidad que observamos. Las identificaciones
que no van a permitir que los pacientes construyan un yo auténtico,
son las que se realizan con aspectos patológicos de los
padres, con aspectos falsos de personalidad y de funcionamiento.
No le permiten construir un yo más genuino, porque esas
identificaciones y recursos no se sintonizan con las necesidades
básicas emocionales que el paciente presenta. Pero por
otro lado no encuentra otras formas para manejarse. Los aspectos
falsos son muy amplios en el paciente y están muy ligados
a las personas y personajes de los que provienen, de tal manera
que su mundo mental está habitado por ellos.
Desde la inmadurez o bien desde los estados primarios que se
viven en las situaciones regresivas, el aparato psíquico
utiliza mecanismos primitivos de funcionamiento, donde los aspectos
parciales son amplificados a la categoría de totales.
De esta manera, un aspecto, un rasgo de carácter de los
padres no es incluido como un rasgo, es incluido como toda la
persona. Esta distorsión transforma a la persona en personaje.
Como además estas situaciones se repetirán con
bastante frecuencia y como además se dan en contextos
emocionales traumáticos, quedará como resultante
la ocupación e invasión en el mundo mental del
paciente de dichos personajes. Así se constituye un grupo
interno poderoso que empobrece el precario yo del paciente.
Así observamos cómo el grupo familiar opera desde
el interior de él. Será este grupo el que influye
y condiciona sus pensamientos, fagocitando la capacidad individual
de pensar. Más bien esta capacidad está al servicio
de poder controlar a dicho grupo interno. Por eso su pensamiento
se organiza para el control y se transforma en un pensamiento
con las características del pensamiento obsesivo pero
más aberrante. Con ritualizaciones, manierismos y revisiones
de sus ideas una y otra vez.
Esta forma de pensar (tan semejante al pensamiento obsesivo)
puede llegar a construir ideas delirantes y alucinatorias, que
sería un nivel más sofisticado de control.
3.
CASO 2
Un paciente esquizofrénico se encontraba en un grupo
sin prestar atención a lo que otro compañero decía
en torno a rechazar la etiqueta de enfermo. Al darme cuenta
de ello, le pregunto por su desconexión y responde que
está en sus cosas. En sus voces que no le desaparecen
(su único tema de preocupación). Cuando indago
si había oído algo de lo dicho en el grupo, responde
que sí pero que él no estaba de acuerdo. Le pregunto
por qué no lo puede incluir y responde que él
nunca es espontáneo porque teme la reacción de
los demás. Siente que mayoritariamente está en
desacuerdo con los demás y que cuando en algún
momento él se ha dejado llevar y ha podido ser más
espontáneo, se han burlado de él. Reconoce que
las voces le han servido de elemento de control para frenar
su acercamiento y se daba cuenta que desde siempre había
tenido necesidad de controlarlo todo, de encasillar y clasificar
todo lo que ocurría a su alrededor. Todavía no
conocemos qué relación puede tener esto con la
historia familiar, puesto que hace poco que se ha incluido en
el tratamiento. Pero sí que la explicación que
él nos dio nos aclara esta función de control
de las alucinaciones frente a la impulsividad y los grupos.
Las ideas delirantes servirán para controlar a dicho
grupo a través de un "guión dramático",
que al paciente le sirve para "comprender" mejor la
dinámica y existencia de su grupo interno. En cuanto
los pacientes nos hablan de un complot contra ellos, donde están
todas las personas significativas de su vida, porque él
es un personaje muy importante y que su sabiduría y misión
en la vida (en muchas ocasiones salvar a la humanidad) resulta
insoportable e inadmisible para ese grupo. Es como si el paciente
metafóricamente estuviera expresando que tuviera que
hacerse muy grande, muy poderoso, para librarse de las cadenas
que le suponen las figuras familiares de las que depende. Es
tanta su pequeñez que sólo se imagina esta posibilidad
de independencia, sintiéndose alguien muy poderoso, y
a la vez imagina a la familia o a sus "representantes simbólicos"
(policías, jueces, grupos armados, etc.) como personajes
que nunca van a tolerar su autonomía. En realidad tiene
razón, puesto que antes hemos hablado de la interdependencia
familiar y es real que ellos sirven de "soporte" para
mantener la homeostasis familiar. El desplazamiento que realizan
desde los miembros familiares reales a personajes, representantes
sociales, de las funciones familiares que denuncian (persecución,
control, represión, etc.) lo realizan para preservar
a la familia del ataque directo dado que se reconocen por otro
lado necesitados de éstos.
Las ideas delirantes cobran diversas formas y casi siempre tienen
ribetes épicos que están en relación con
la biografía individual y familiar.
Este control constante es lo que desgasta su capacidad de pensar,
la empequeñece y es lo que denominamos deterioro. Nosotros
pensamos que este deterioro es reversible a través de
la psicoterapia, en la medida que podamos liberar al paciente
de esa trama mental y lo ayudemos a que su pensamiento esté
al servicio de su individualidad en vez del control.
Este control del mundo interno les hace muy vulnerables hacia
el mundo externo. Es como si se encontraran "sin piel"
psicológica. Como si todo lo que viniese del exterior
no lo controlaran y temieran que les fuera a influir afectiva
y mentalmente.
El rechazo hacia los grupos externos se manifestará por
la inhibición y aparente desconexión. Sin embargo,
no hay defensa que proteja totalmente, por consiguiente el exterior
acabará influyéndoles.
4.
CASO 3
Un paciente recién llegado al grupo con un severo trastorno
esquizofrénico daba evidentes muestras conductuales de
estar desconectado de todo lo que aparentemente estaba sucediendo
en el grupo.
El grupo estaba centrado en el rechazo: a reconocerse pacientes,
a aceptar su realidad familiar y social, y a vivir detrás
de que algún día se confirmaran sus anhelos de
ser reconocidos como hijos de personajes importantes (reyes,
políticos, dioses). Y cómo estos anhelos y rechazos
se ponían fervientemente de manifiesto cada vez que la
muerte, (en forma de desaparición de un ser querido,
o en forma simbólica, como podría ser fracasos
y frustraciones en su vida), hacía acto de presencia.
El grupo trabajaba con bastante interés todas estas ideas,
en las que en mayor o menor medida se veían reflejados
con aportaciones personales a este tema común. Dicho
paciente levantó en varias ocasiones la mano con intención
de intervenir, advirtiendo que lo que iba a decir no tenía
nada que ver con lo que se estaba hablando. Se le hizo posponer
sus intentos al dar prioridad al tema común. El paciente
comenzó a realizar una serie de rituales corporales que
reflejaban intentos de control, movía sus dedos como
si llevase la cuenta de algo. Al cabo de un rato, se levantó
y dijo necesitar de ir a orinar. Ahí se le preguntó
qué le ocurría y ante la necesidad de ir a orinar
se le dejó salir. Tardaba en volver, hizo varias apariciones
por la puerta, pero rectificaba y volvía al baño
como si no hubiera "descargado", o como si al oír
otra vez al grupo, éste le hiciera volver al water para
control-descarga. Volvió por fin, y al sentarse se le
invitó a que relatase todo lo que sucedía. Contó
que él tenía la idea de que todos los policías
y jueces son unos hijos de puta a los que habría que
matar y que este grupo le enchufaba ideas en su cabeza que él
tenía que machacarlas hasta hacerlas desaparecer y que
hasta que no trituraba esas ideas no podía parar. No
contó las ideas que tuvo, pues le parecían aún
muy íntimas, para la poca confianza que tenía
en la segunda sesión de grupo a la que acudía.
Si nos hizo saber que todos los hospitales de día y psiquiátricos
eran una mierda, y lo único importante en la vida era
el café y el periódico (dos actividades que él
reclamaba con insistencia), y que por cierto, en nuestro centro
se limitaba el consumo de café a una taza. Se le hizo
ver que aquello no era el hospital de día sino EL CLUB
(I). En ese momento hizo una alusión positiva hacia el
club, y cuando el grupo iba a finalizar, y algún paciente
volvió a hacer alusión a la muerte, él
musitó en voz baja: "yo también las tengo".
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